Jorge Montesdeoca
Artista
Jorge, Jorge, Jorge. La palabra se repite compulsivamente en avisos y murales comerciales de Bogotá. Se trata de la rúbrica de uno de los más eximios rotuladores comerciales que tiene la ciudad. Jorge, un nombre común que al engancharse al apellido Montesdeoca adquiere visos principescos.
Visos que vienen muy al caso. Jorge Montesdeoca es un tipo educadísimo en el trato, elegante en sus maneras, culto y cosmopolita. Un cuidado bigote y unos mechones entrecanos enmarcando un rostro cobrizo de rasgos indígenas sintetizan perfectamente su persona: un latinoamericano humilde con una enorme sed de mundo.
Siendo muy joven don Jorge abandonó su natal Riobamba (Ecuador) para irse a devorar América con su talento para el dibujo como medio de subsistencia. Al calor de un tinto y un infaltable cigarrillo es factible que acceda a destapar su cartera y ponga sobre la mesa unas cuantas fotografías de esquinas redondeadas. Allí se lo ve posando con grandes anteojos polarizados junto a una panorámica de Manhattan que dibujó para un restaurante en Lima o muy joven y delgado dándole los últimos retoques a una pareja de bailarines en una discoteca de Acapulco. En Jorge conviven sin incongruencia alguna el campesino suramericano, el bohemio y el agudo observador de las tendencias mundiales.
En su trabajo sucede exactamente lo mismo. Cierta inclinación por el diseño gráfico internacional de la década del 50 se combina felizmente con el enérgico colorido y el desenfado propio del diseño popular latinoamericano. Sus dibujos, realizados con un cuidado no siempre presente en el trabajo de sus colegas, oscilan entre lo puramente comercial (un chef que ofrece deliciosos almuerzos) y lo artístico (un paisaje costero en donde una chalupa se reclina sobre una palmera para ver juntos como un galeón cruza el horizonte). El consolidado es una obra de una gran consistencia, dignidad y simpatía.
No es un arrebato de entusiasmo afirmar que Jorge siempre entrega al cliente mucho más de lo que espera. Sus obras no son solamente impecables y llamativas sino que se adentran con naturalidad en los terrenos de la publicidad. Incluir copysy slogans de su invención oaprovechar los más insignificantes recodos de la fachada, son todos recursos de su cantera. Pero quizás el más especial es el que él llama "la humanización", que consiste en “antropomorfizar”el producto o servicio en cuestión. Algunos podrán considerarlo un recurso forzado, inocente y pasado de moda, pero basta ver la ejecución de Jorge Montesdeoca para cambiar de opinión: llámese hamburguesa, celular o fotocopia humanizada, sus criaturas están dotadas de una personalidad y una amabilidad tan genuina que resultan un muy efectivo vehículo de comunicación.
Las apariciones de Jorge en el paisaje bogotano son aleatorias. No hay una industria o una zona de su especial preferencia. Por otra parte, han sido tantos los negocios que ha decorado que él mismo ha perdido la referencia exacta. Y como no puede ser de otra forma en un tipo que se mueve por América como de la alcoba al baño y del baño a la cocina, atraparlo no es una empresa fácil. Jorge no tiene teléfono ni residencia fija: agua pasó por aquí cate que no la vi. Se ausenta de Bogotá por largos períodos de tiempo y en el momento menos pensado uno de sus característicos asteriscos recién trazado nos pica el ojo desde un murito. Es Jorge que está de vuelta.
Mientras reincide, nos honra presentar una muestra del trabajo de uno de los más grandes ídolos de Populardelujo. Con ustedes, el señor Jorge Montesdeoca, genio, gitano y fantasma de la gráfica callejera. No queda sino repetir, como ya lo ha dicho él en todas sus formas y colores: Siga Ud.
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Reseñado por Populardelujo
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