Valencia
España
Según dicen los propios valencianos “ese tipo de gráfica se está acabando aquí”, y a juzgar por lo que se puede encontrar en el centro de la “ciudad de los naranjales” la afirmación es tristemente cierta.
Muchos de los locales donde se toma horchata (tradicional bebida hecha a base de chufa –un tubérculo–, agua y azúcar) y chocolate con churros, aún conservan los mosaicos de escenas campesinas dibujadas sobre baldosas de cerámica. No corren la misma suerte los rótulos dibujados a mano que por lo general promocionan comida de mar, tapas y paellas. Estas obras, pintadas sobre las ventanas de bares y restaurantes, están a punto de desaparecer por el deterioro de una pintura que nadie nunca se cuidó en retocar.
Habría que darle el “premio a toda una vida” a aquellos avisos que sin haber sido nunca restaurados y sin importar la inclemencia del tiempo, los cambios de gobierno, y la llegada de las nuevas tecnologías de impresión, siguen anunciando en las mercerías y tiendas de ropa con la misma dignidad y discreción de antaño. Discreción que no tienen los pequeños autoadhesivos de colores brillantes que ofrecen y solicitan empleo, y que superpuestos unos con otros en los postes de luz, dan la sensación de un rechinante tapizado urbano.
En una ciudad en la que aún se habla el valenciano –dialecto de la provincia de Valencia–, se celebran con fervor las fallas (fiestas) y se conservan vivas muchas tradiciones antiguas, sería lindo que el interés por proteger lo propio se extiendiera a las imágenes que por tanto tiempo han acompañado la vida de todos. O si no que lo digan las dueñas del local más antiguo de corsés y fajas de la zona, quienes han mantenido el negocio por varias generaciones y junto con él, los sonrientes maniquies con peinados de los años 40 y el letrero art decó.
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Reseñado por Populardelujo
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