|
 |
|
 |
| |
Sensacional de Diseño Mexicano
México
Un proyecto de Juan Carlos Mena con la colaboración de Óscar Reyes
| |
En nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las más brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones... Palabras que no dicen nada y lo dicen todo... Esa palabra es nuestro [como mexicanos] santo y seña...Por ella nos reconocemos entre extraños... Conocerla, usarla, arrojándola al aire como un juguete vistoso o haciéndola vibrar como un arma afilada, es una manera de afirmar nuestra mexicanidad.
Octavio Paz |
A lo mejor Octavio tiene razón cuando nos dice al comienzo del Laberinto, que las preguntas que seguramente nos hacemos en este momento, pierdan toda validez dentro de cincuenta años. Sin embargo, hoy tantos años después de la publicación de su mítico ensayo la cuestión de nuestra identidad permanece irresoluta. Octavio se cuestiona en cuanto al mexicano, en qué radica su identidad, qué es lo que hace que su ser sea un único e independiente organismo. Y la conclusión no deja de ser alentadora, el mexicano basa su identidad en el otro, en la diferenciación con el norte, con el americano, con el gringo chingón. Y sin embargo cabe cuestionarnos si nuestra identidad realmente como sudacas no se basa también en esa diferenciación. Hay algo de común en todos nuestros países del tercer mundo, carteles de droga que comercian entre sí, la corrupción política, las dictaduras militares, las crisis económicas, la sombra del norte todopoderoso, el sabor de la mujer latina, la tecno cumbia, quebradita, vallenato, champeta y demás ritmos derivados de quién sabe qué clase de intervención cultural, la literatura latinoamericana basada en el caribe mítico de Gabo, la Lima costumbrista de Vargas Llosa, el DF político y corrupto de Fuentes, el Buenos Aires cosmopolita de Bioy Casares, y sobre todo, el arte.
¿Pero qué clase de arte producimos los sudacas? nuestro arte, al igual que nuestra identidad se basa en el contraste, en el contraste con ese otro tipo de arte americano y occidental. Sin embargo, la producción es escasa, el sudaca desconfía de su arte, de su capacidad de expresión, nuestra identidad falseada desea insertarse en otro marco cultural, todos nuestros niños quieren ser gringos, leen historietas de superhéroes americanos, crecen con una identidad cross over, entre la música popular, el sabor del partido de micro, el olor a las empanadas de barrio y las películas de hollywood. Lo curioso de todo este fenómeno es que cada vez nos acercamos más a ser seres indiferenciados, ciudadanos de mundo que llaman, pertenecientes a una sociedad global sin rasgos culturales identificables, donde nuestro ser se inserta en un movimiento global, en un todo que apenas diferenciamos. Pero no obstante hay algo que nos sobrevive, algo que crece y anida en cada uno de nosotros, un tipo de expresión que es palpable en cada una de nuestras producciones. A pesar de nuestras influencias occidentales, lo latino aflora inconscientemente en nuestro lenguaje, arte, religión, y en cada uno de nosotros es palpable ese ser indefinido, desconfiado, alegre y marrullero, que a pesar de ser taciturno emerge en nuestra forma de andar, de hablar, de comer, y en cada uno de nuestros gestos. Lo más hermoso es que ese ser tiene rostro, se puede leer, oler, escuchar y ver en cada uno de nuestro barrios. Se encuentra en el sabor de los pinchos y la arepa con queso, de la empanada con ají y el huevo duro, se puede leer en nuestra literatura tan distinta y a la vez tan exótica, se puede escuchar en las canciones de los buses, en el ruido de nuestras ciudades que duermen bajo las nubes de smog más grandes del mundo, y se puede ver en los avisos, grafitos, carteles y demás expresiones pictóricas de las que somos capaces. Lo latino está en nosotros, nos compone, a este que escribe y a aquel que lee, es nuestra definición, nuestro círculo mítico, nuestro origen, nuestro molino, nuestro saludo, la forma de reconocernos, nuestro proyecto de vida, está ahí, a la vista de todos, en estos seres extraños y amorfos, en nuestra música, en nuestro lenguaje, en nuestro arte, y en especial, en las paredes que componen este libro.
---
Reseñado por Camilo Andrés Rosero
camiloandres@gmail.com |
|
|
 |
|
 |
|
| |
| |
| |
| |
links relacionados
en populardelujo: |
|
|