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Rosario
Argentina
Es un instante, que dura horas, a veces minutos, pero que carga el aire, lo vuelve denso, te pega en la cara cuando empezás a caminar unas cuadras.
"Miren, pasen, entren al jardín, tenemos a los chicos todos vestiditos de argentina"
Es un momento en el que todos se vuelven amables y van silbando el himno por la calle, generando una sensación espeluznante porque de golpe esta todo lookeado en celeste y blanco, desde los cartelitos de precios hasta los carros de basura, todos los ritmos son canciones de cancha, todo es argentino, espesamente argentino.
"Tengo las de la Fiera Rodríguez , esa no las tiene nadie.mirá que lindas que están"
Y la ciudad huele diferente, hay olor a asado, a bar repleto de gente, a humedad, a sudor y telas nuevas, a cigarrillo, por un rato cesa el olor a smog ya que nadie maneja y empiezan a surgir dejos de oxido, asfalto, caca de perro y todas esas cosas mínimas que están ahí todos los días pero que se nos pasan por alto.
"Nooo, yo no lo veo, lo escucho por radio sabés? Me saco la radio acá afuera y le doy al volumen.sabés la cantidad de clientes mujeres que tengo mientras se juega".
Y ese estado de animo se empieza a impregnar en el pelo, en la ropa, comienza a llenarte la panza y empezás a saludar a los tipos que estás para dos firmes en sus puestos precarios, orgullosos de vender remeras truchas de Argentina y cornetas q no suenan.
"No me saqués de frente que me comprometés, mejor sacame de espalda, así, con la banderita colgada".
Te solidarizás con los locales que cierran mientras dura el partido, no importa la malaria, son 90 minutos en los que nada es más importante q esa sensación de tener puesta la camiseta.
"Ojo, sacále a esta camiseta pero que no se vea la marca, esperá que te la doblo".
Y el teléfono que no suena salvo en los entretiempos, mientras la calle queda vacía.
Y perdés por penales, y el cadete de la agencia tiene los ojos rojos a reventar, y tu jefe dejó de ser tu jefe.
"Dale che, dejen de joder con las fotos que empieza el partido"
Y la pasión se queda ahí picando, para la próxima vez,
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A diferencia de otras Copas Mundiales, Alemania 2006 recibió a una Argentina de pasión discreta. Los argentinos, fanáticos desenfrenados pero también curtidos veteranos del fútbol, sabían que esta vez había que ser prudentes y quizás escépticos: en el 2006 se cumplía una sequía de título de 10 años , una década en la que no faltaron equipos "con pinta de campeones" que se quedaron a mitad de camino. Considerando que esta selección que aterrizaba Alemania descollaba talento pero no era precisamente la gran panacea, desbocarse en ilusiones resultaba un ejercicio cardiaco demasiado atrevido.
Pasa que en el torneo pasado nos comíamos a todos y no pasamos de la primera fase. esperemos contra México a ver si pasamos, es la manera en que Guille Buelga explica la decisión de demorar la toma de las fotografías que conforman esta colección. La cordura era un sentimiento nacional compartido hasta que aquella tarde el mediocampista Maxi Rodríguez liquidó a los aztecas con un gol de antología. Entonces la locura futbolera hizo saltar los cerrojos y campeó libre por los campos del país más la consiente.
Y es que a ese punto ya se habían acumulado razones suficientes para pensar en grande. El gol de Maxi era la más reciente perla de una campaña seria: victoria clara sobre los macizos africanos de Costa de Marfil, masacre sinfónica de 6-0 sobre Serbia y Montenegro, empate a ceros contra Holanda, triunfo épico sobre México. Ahora venía en partido de octavos de final en donde la Argentina debería enfrentarse a una candidata al título, la aceitada máquina alemana. De modo que si la pasión Argentina alcanzó su punto de ebullición en esta Copa Mundo 2006 fue aquella mañana del 30 de junio antes del choque contra los alemanes. Choque que a la postre perderían los suramericanos en un definición por penaltis en donde fueron pusilánimes y los teutones, inmarcesibles.
Horas antes de que el globito se pinchara y de que Alemania 2006 se convirtiera en otra herida abierta en la historia futbolera de la Argentina , Guillermo Buelga y Gaby Arango (diseñador gráfico y publicista respectivamente) saltaron sobre la cresta de la ola y captaron aquel lapso efímero en que la calle San Luis, una populosa avenida comercial de la ciudad de Rosario, como toda la nación, tenía vía libre para reventar en euforia albiceleste. Las fotografías que presentamos documentan mucho más que un instante coyuntural, registran el momento justo en que uno de los ritos populares contemporáneos más fervorosos tiene lugar en una de sus capitales sagradas. Prueban, junto con las estampas del texto de presentación, la extraña capacidad del fútbol para traumatizar las férreas dinámicas urbanas y alterar de manera aterradora sus paisajes gráficos con una sincronía, una disciplina y una contundencia que la ciudad contemporánea no se permite nunca jamás.
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Reportaje de Guille Buelga y Gaby Arango |
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