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Nueva Delhi
India
Fotografías de Luis Fernando Medina
En Nueva Delhi, la capital de India, se ven elefantes, micos y vacas en la calle. La cosa no tiene nada de sorprendente (todos lo hemos visto alguna vez en televisión) hasta que uno hace el paralelo y piensa en un elefante haciendo la oreja en la carrera décima para bajar por la 26 rumbo a Corferias.
En Nueva Delhi todo está mezclado: el legado de una de las civilizaciones más antiguas y maravillosas de la humanidad, la creciente occidentalización, los rastros de la colonización inglesa, el budismo, el hinduismo, el jainismo, el cristianismo. Sobre todo eso, la religión. De ahí que las vacas y los micos anden tan tranquilos por la calle: son sagrados. La religión es un eje transversal que lo atraviesa todo. Los buses por ejemplo, que aquí uno los encuentra decorados con algún divino niño, una virgen del carmen y un sagrado corazón, allá tienen flores, altares, dioses de varios brazos, de piel azul, con cara de elefante, con cara de mico, sentados, de pie, montados sobre un tigre, sobre un caballo blanco, flotando en el agua sobre una flor de loto, reunidos en parejas, en tríos, rodeados de flores, de animales.
En Nueva Delhi hay vías ultramodernas que conectan los atractivos turísticos pero también calles de barrio embarradas, invadidas de perros callejeros en el día y de comercio de baratijas en la noche. En estos mercados venden la pulsera, la pañoleta, el suvenir, la calcomanía reflectiva de Ganesha, la camiseta estampada con Hanuman, las sandalias, los platicos con la bandera, los elefantitos de madera, de marfil, de hueso, la miniatura del Taj Mahal y demás. Los vendedores son más acuciosos que un paisa en apuros, afirma Luis Fernando Medina*. “Gritan sin cesar y apenas perciben la cara de turista de su mercé, lo persiguen insistentemente diciendo hallo friend, hallo, very good price y esperando el milisegundo en que ud. alma desgraciada, se atreva a mirar por un instante la mercancía; entonces ya todo esta perdido y el rito de la estafa da su inicio”.
En Nueva Delhi, a pesar de los altísimos índices de miseria, a pesar de la sobrepoblación, a pesar del caos vehicular producido por la confluencia de taxis, buses, carros, bicicletas, triciclos, tuktuks (motocarros) y vacas, la gente no se queja, no se grita, no se pelea, no se inmuta. Los hindúes son extremadamente pacíficos, legado del budismo y el jainismo que predican la no violencia, la tolerancia y la auto disciplina, pero que ha provocado también una sumisión y una resignación miserable.
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*Luis Fernando Medina, ingeniero caleño; aplicó a un programa que ofrece el gobierno de India para ir a Nueva Delhi a hacer unos cursos de desarrollo de software y la beca le salió. Dejó estudio y trabajo botados y se largó a ver cómo era el maní por allá. Con ojo fotográfico popular y muy buena labia documentó su viaje de tres meses con las fotos que tenemos el gusto de presentar y con algunos artículos en un blog escrito in-situ, que no es una ciudad de la India sino una expresión en latín que quiere decir “en el lugar”.
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Reseñado por Populardelujo
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