Paisajes gráficos callejeros de todos los rincones del mundo.
 
 
 
Montevideo
Uruguay
Fotografías de Daniel Machado



¿Qué creíste? ¿Que se la iba a tragar la crisis a la ciudad? Pues, tomá mate.
Mirá acá. Está todo lleno de esa fauna urbana que habla tanto de estos citadinos; de santos, gauchos, pescadores, bailarinas, cantores, futbolistas, vacas y otros seres vivos, fauna que tiene la cualidad especial de estar a mitad de camino entre gran ciudad y pueblo chico.

Algunos faunofotógrafos deambulan por las inmediaciones. Buscan capturar el espíritu de la capital de Rodelú, Sur América. La ciudad de los hospitales de ultramar. La ciudad de los muros coloniales mordidos por el viento salado que viene del Atlántico. La de la crisis de guita en dosmildós. La del candombé y el tango y la milonga. Porque La Cumparsita no es de Buenos Aires y Carlitos tampoco.

El país, que se llama Rodelú porque todos sus habitantes quisieron declararse nacionales de la república que queda al oriente del Río de la Plata, o sea la República Oriental del Uruguay –que no tiene una República Occidental del Uruguay al otro lado-, se deja ver por trozos en la fauna de su capital, Montevideo. Los muros registran la fauna imaginaria y la real de la ciudad, juntas en las especies populares de las marisquerías, los anuncios de gomerías (para la despinchada) o la consulta azarosa del corazón (¿gusta usted San Antonio o la Virgen de las Tormentas?).

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Daniel Machado es uno de los faunofotógrafos de Montevideo. También es dibujante, arquitecto, comedor de churros –no como los bogotanos, sino con dulce de leche-, bailador de tango y montador de bicicleta. Sus fotografías encontraron el propio lugar debajo de un cartel de refrán, que las hace hablar mas duro todavía. Esos son los nombres de los reinos de la naturaleza en las paredes de Montevideo, República Oriental del Uruguay.

En el cielo, al lado de dios, que le da pan al que no tiene dientes también en Rodelú, hay un par de gitanas, lectores de cartas y vírgenes marineras color azul Iemanyá. Y ahí junto, muchos negros bailan candombé porque al tungue le tungue el coco.

Por el lado del mar, sirenas negras y pelirrojas, gatas con cola de pez, mujeres que asoman la pechera a los balcones vestidas de verde en abril, todas se dejan llevar por la música, suavecito como teta de monja. Si ese ritmo no te gusta, andá a cantarle a Gardel.

Mas acá, en la tierra, Cantinflas entrega sopas a domicilio y administra una panadería. Condorito, mientras tanto, se emplea de pollo aviador, motociclista o alquilador de campos de fulbito.

Todo esto es lo que hay, valor. ¿Acaso te parece poco?



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Reseñado por Laura García
reinapopular@yahoo.com