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Manizales
Colombia
Manizales nació para la historia cuando unos colonos provenientes del norte fundaron sobre el espinazo de un cerro un poblado que se convertiría en el corazón de la cultura cafetera colombiana y en un bastión clave de la cultura paisa. Manizales nació para la cultura colombiana cuando gracias al arraigo en la joven ciudad del macabro espectáculo de los toros, se institucionalizó la Feria de Manizales y con ella uno de nuestros himnos nacionales apócrifos de cabecera: el pasodoble que reza “ay Manizales del alma”. Manizales nació para el mundo la noche en que Jhon Viafra embocó desde 30 metros de distancia el balón en el arco de Boca y abrió la senda que llevaría al Once Caldas a coronarse como el mejor club de fútbol de Suramérica.
Cuando uno hace una visita-relámpago a Manizales, como lo hizo populardelujo en noviembre de 2003, apenas tiene tiempo para reponerse del vomitivo y temerario viaje que implica haber subido y bajado el Alto de La Línea. Pero una vez el corazón se ha colocado de vuelta en el pecho es fácil dejar que la mirada se pierda sobre una ciudad que se esparce por una geografía delirante y tiene como ombligo una catedral cuya truculencia kafkiana no encuentra ningún eco en la luminosidad y vitalidad apacible de la ciudad y su pipol. Y como siempre, como en todas partes, entre esas cuadras, la gráfica de la calle, una de las expresiones más sabias y francas del imaginario de un pueblo, saca a relucir toda esa mitología que los sucesivos nacimientos de Manizales ha ido acumulando. ‘Paisismo’, montañas, café, tauromaquia, Once Caldas y demás.
Con orgullo explícito la gráfica manizalita exhibe la tradición paisa: fondas, aguardiente, tango, marranos humanizados que invitan a comer deliciosos banquetes de los cuales ellos suelen ser el principal ingrediente, y, en general, la “berriondera” de esa raza legendaria y temperamental cuyo ícono son unos tipos que se calan un sombrero, se cuelgan una carterita lo más de peculiar, se echan un poncho al hombro y andan por ahí con el machete como si fuera un escapulario. Pero claro, no sólo onda costumbrista tiene la gráfica callejera de Manizales: la universidad pública aporta lo suyo, lo mismo los pollos broaster, los almacenes de calzado y lo más cosmopolita que nos fue dado presenciar: la abrumadora proliferación de restaurantes de comida china.
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Reseñado por Populardelujo
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