Paisajes gráficos callejeros de todos los rincones del mundo.
 
 
 
Boikot
Crónica de una intervención publicitaria


Ver toda una vía principal llena de propaganda de una sola compañía me parecía irrespetuoso, conmigo y con el resto de los individuos que por un motivo u otro transitan por ella. Por esos días por cuestiones cósmicas nos dedicamos a hablar de la Acción Directa no Violenta, pero también de la contra publicidad, nos rotamos algunos textos y intentamos hacer varias discusiones sobre estos dos temas, tan en boga por estos días entre los "rebeldes" posmodernos. Después de soportar el ida y vuelta a la universidad en una buseta que mas bien parece un carro de montaña rusa y de sentirme realmente fastidiado por la excesiva publicidad de coca-cola en los paraderos públicos llegue a la conclusión de poner en practica, con ayuda de mis amigos, lo que habíamos leído en el Manual del Publicida.

Sonó el timbre varias veces y la voz al otro lado del auricular me contesto, le comente la situación de forma apresurada y se realizo la transmigración neurológica: "!estaba pensado en lo mismo!". La idea se regó como pólvora, todos la acogieron son ningún pero, y además llovian ideas, de todos los lados. Después de unas breves reuniones y llamadas por teléfono llegamos a la conclusión de salir un día "muerto" es decir un lunes, muy tarde, y hacer un recorrido lineal, nada estratégico, hasta agotar las existencias de pinturas en los paraderos de Ucol . El día de la acción el miembro del equipo que debía estar al frente de la labor logistica-artistica no apareció por ningún lado, muchos pensamos que su ausencia fue el fruto del nuevo amor, del deseo comprimido en las hormonas, pero no, la disculpa fue otra, verdad o no, la frustración se acentúo un poco y las energías se guardaron para el otro día, donde sin falla el Siniestro del Bisturí estaría presente.

La idea ya sobrepasaba el pequeño grupo que intentamos hacer entre amigos con ideas semejantes. El día dos de la operación se conjugaron varios sucesos que podrían afectar la operación: jugaba el equipo de Colombia un partido de fútbol en tierra extranjera y se agudizaba el conflicto al interior de la empresa de servicios públicos de Cali, Emcali. Después de hacer un balance no llegamos a ninguna conclusión acerca de la situación. Algunos amigos con experiencia en actos de esta índole nos recomendaron algunas cosas que no teníamos muy claras; lo primero que se decidió fue cambiar la hora de salida, ya no seria a la madrugada sino mas temprano, por motivos de camuflaje. Al grupo base que realizaría el acto de contra publicidad contra coca-cola se le unió una de las pocas mujeres que se arriesgan a intercambiar palabras y emociones con nosotros; de verdad fue refrescante y también diferente, ver entre un grupo de antenas, una mujer.

El espacio reducido se veía repleto con las ocho personas que estabamos allí, la colaboración era la regla en ese momento, mientras unos cortaban con la maestría del que se ha pasado noches enteras haciendo maquetas y rótulos, otros lavaban de forma artesanal los desechos médicos que serian mas adelante el mapa por el que se deslizaría la pintura del aerosol. El nerviosismo fue reemplazado por euforia, creada también por el ambiente de camaradería; las burras estaban listas, los ¿estencil? También, los guantes, el aerosol, los ánimos y todo lo necesario para salir y romper la envoltura de neófitos que nos rodeaba en este tipo de actos. Pero cuando todos creíamos que no faltaba nada, ocurrió lo inesperado, el artista de la imagen se perdió dentro de la vieja institución de la familia y esta siguiendo la tradición que pesa sobre todos nosotros hizo lo que esta acostumbrada a hacer: coartar, reprimir, mutilar. Con esta baja importante en las filas decidimos salir, ya la media noche se acercaba y las calles ruidosas en el día daban paso al silencio de la noche.

Nos dirigimos al primer punto donde se daría inicio a la intervención; un lugar oscuro y lleno de sombras, después de parquear las bicicletas y con la inexperiencia haciendo estragos en los nervios vimos como la luz roja de fondo hacia resaltar el color negro de las letras escritas con aerosol, fue como salir a la superficie después de estar mucho tiempo sumergido. En esta operación que debió durar pocos minutos, pero que se alargo temporalmente por la ansiedad, vimos como al otro lado de la avenida pasaban los tombos, mirando, pero tal vez pensando en otras cosas; como nos daríamos cuenta mas adelante y durante el transcurso de la intervención, estaríamos bien custodiados por la ley. Salimos de allí para otro punto ya determinado con anterioridad donde el olor a pintura comprimida invadiría el ambiente, después de aminorar el paso para que nuestro reportero gráfico nos alcanzara en su improvisada y peligrosa bicicleta, empezamos a sentir como la emoción desplazaba el cansancio y los nervios.

La tarea era doble, no solo se trataba de "atacar" uno de los símbolos mas representativos del sistema capitalista, sino tumbar ese tufo de respeto que todavía ronda los nuevos paraderos públicos-privados de esta ciudad, no destruyéndolos o volviéndolos inútiles por unos días, sino aprovechando su ubicación estratégica y la imagen que proyectan publicitariamente, para enviar un mensaje durante un día y medio a todos los transeúntes que circulan por allí; este mensaje no solo pretendía señalar a coca-cola como cómplice del imperio, también buscaba advertir sobre su influencia en el conflicto colombiano, donde es acusada de financiar y conformar grupos paramilitares, de asesinar dirigentes sindicales y por ultimo lo mas obvio, tratar de disminuir la influencia consciente que tiene esta multinacional en las mentes de los consumidores, para desde esa perspectiva atacar el consumo de esta bebida.

Después de pedalear por una parte del norte, algo del centro y un pedacito del sur de la ciudad, fuimos objeto de la red de informantes, compuesta en las noches por taxistas y vigilantes privados de almacenes de cadena. Nos cayo la plaga, pero a diferencia de lo que nos habían advertido nuestros compañeros de lucha, no nos levantaron, ni si quiera se enteraron de lo que estabamos haciendo en realidad, además no lo entendían, los orcos solo querían una cosa: plata. Pero ni sus amenazas con una denuncia ante el fiscal de turno, o pasar la noche con bicicletas en la estación más cercana, pudo persuadirnos y recurrir al chantaje, mas bien ellos fueron los persuadidos y finalmente sin armas contra la argumentación decidieron seguir su camino y nosotros el nuestro, eso si, nos quedamos sin la pintura para seguir nuestro trabajo.

Fue una noche llena de experiencias, donde todos aprendimos algo, sobre todo ser más estratégicos y rápidos a la hora de actuar sobre los paraderos. Las fotos primero circularon entre nuestro grupo, pero después aprovechando la Red, invadieron los correos de conocidos y desconocidos, nacionales y extranjeros. Es solo un comienzo, pero una de las conclusiones es que al sistema se le puede atacar por muchas partes y con muchos métodos.


COLECTIVO ELPASKIN
 
 
 
 
 
 
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