Paisajes gráficos callejeros de todos los rincones del mundo.
 
 
 
 
Boikot
Cali · Colombia
Un proyecto del Colectivo El Paskin



Colombia es de un marquismo espeluznante. Y la cuestión no tiene que ver -como a algunos les gusta pensar- con los "largos periodos de privaciones": clases favorecidas y desfavorecidas abrimos la boca por igual a los dedos del consumo. En todas las ciudades del país se cruza uno con tipos que no tienen para tres comidas al día pero avanzan sobre un par de sendas botas Nike de $ 150.000.oo cada una, y con universitarios cuya alternatividad, independencia y elemento de diferencia consiste en vestirse tal cual las vallas de Diesel. En una situación única, ambos grupos comulgan en perfecta unidad hacia las 3:00 de la tarde: el estudiante se baja del bus del colegio con sus tenis caros y el atracador se los hace quitar. A veces le quita también el dinero, pero a veces no. Es algo que debería hacernos pensar. Basta dirigir la mirada hacia las puertas de nuestros closets, hacia los vidrios de los buses, hacia los boompers de los autos: un culto autoadhesivo a las marcas que ya raya en el colmo de la vulgaridad.

Justo al otro extremo del problema, todavía más allá de otra cantidad de gente que vive en un permanente estado de atracción-repulsión hacia el consumismo salvaje, hay una posición radical que se siente profundamente insultada por la proliferación de publicidad y que toma cartas en el asunto. Este parece ser el caso del Colectivo el Paskín, un grupo caleño que desde hace un par de años viene mortificando a la sociedad caleña haciéndoles preguntas acerca de su propia conducta. Las imágenes que hacen parte de BOIKOT, y que ustedes verán a continuación, son la memoria del sabotaje publicitario realizado en enero de este año cuando Coca-Cola lanzaba su campaña "De verdad", evidentemente diseñada para acercar la marca a la gente joven de entre 12 y 25 años para quienes estaba empezando a parecer algo anticuada. Mientras la compañía preparaba comerciales y jingles para respaldar la campaña gráfica en radio y televisión, una fracción es esa gente jove de entre 12 y 25 años se lanzaba a la calle con tarros de lata campaneantes. Cuando el 28 de enero amaneció en Cali (ciudad del suroccidente del país), la avenida principal era una galería en donde la marca de gaseosa parecía hundirse a sí misma: en lugar de destruir los afiches de Coca-Cola, el colectivo aprovechó la espectacularidad con que los paneles enmarcaban los avisos y la espectacularidad misma de la campaña y creó una piezas de contrapublicidad memorables.

Las razones específicas de la acción la explican los propios responsables en la "Crónica de una intervención publicitaria" que aparece al final de la presente muestra, pero estaba especialmente motivada por el abuso que significó haber monopolizado una avenida entera con una publicidad que el ciudadano no puede apagar, no puede escoger no ver y a la que no se puede cerrar el subconsciente. La "acción directa no violenta" (según la propia terminología del grupo) adquirió todo su sentido con la puesta en circulación del quinto número de Musaenferma, fanzine que edita y publica el grupo, que dedicó su número a la Acción Directa e incluía entre otras un "Manual de sabotaje y distorsión publicitaria" y un reportaje sobre las manifestaciones en contra del ALCA en Ecuador.

La acción de ELPASKÍN se inscribe en la línea de los movimientos anticonsumistas y de las acciones anticorporativas que se han multiplicado por el mundo desde la manifestación en contra de la Organización Mundial del Comercio que tuvo lugar en Seattle en el año de 1999. "Cuando todo alrededor es bello, el hombre muestra su rostro más vil al colocar una valla publicitaria. -decía el publicista David Ogilvy en 1963- Cuando me jubile de Madison Avenue, voy a fundar una sociedad secreta de enmascarados que viajarán por todo el mundo en motocicletas silenciosas, destruyendo todos los carteles bajo la luz de la luna. ¿Cuántos tribunales nos condenarán cuando nos sorprendan realizando estos actos a favor del ciudadano?". Pues bien, la sociedad que describe -y que por supuesto no fundó- este esquizofrénico señor, es un hecho, ya hace rugir sus silenciosas motocicletas (a saber, bicicletas) en nuestras ciudades latinoamericanas y su oposición es completamente legítima y sus argumentos perfectamente respetables. Y es que aún cuando no lo fueran, si la publicidad tiene derecho a ser irresponsable y transnacional por qué no habría de tenerlo la resistencia.

Dejando por un momento a un lado el mensaje que carga BOIKOT, vallas publicitarias y graffiti son elementos urbanos por excelencia, y sus batallas, derrotas y conquistas son un aspecto incesante y hermoso de la ciudad. Todas las mañanas, de camino al estudio o al trabajo, vemos las señales de alguna escaramuza nocturna, el avance de un ejército sobre el otro: la confirmación de que hay vida entre las moles de concreto.

(M:79, cerebro gráfico del colectivo, es el artista del mes en www.joystickbcn.org)


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