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Se habla venezolano
Música, silenciosamente ·
Fundación Chacao
Octubre de 2006
Así aparece estampado en letras blancas sobre camisetas negras -o franelas como las llaman aquí- colgadas, apretadas unas contra otras, compartiendo espacio con las de Super Chávez, las de los 4 fantásticos de la revolución (Bolívar, Chávez, el Ché y Fidel Castro) y las de última moda tipo reggaetón.
Es claramente una versión venezolana de la famosa SE HABLA ESPAÑOL de Juanes, pero es también una insólita revelación de lo que sucede en Venezuela. En Venezuela no se habla español, se habla venezolano; eso significa, más allá de decir pana, catira y chamo, hablar de política. Toda conversación que se empieza en español -sin importar el tema- termina convertida en una acalorada discusión política en venezolano.
A favor o en contra, es lo único que importa. Caracas tiene cubiertas sus paredes con carteles de Chávez, con carteles de Rosales; con carteles de Chávez sobre carteles rayados de Rosales, con carteles de Rosales sobre los restos de carteles rasgados de Chávez y así. Y la gráfica callejera, aquella que no tiene nada que ver con política, oculta en algún lugar debajo de capas de carteles, detrás de un mar de sombrillas de puestos de venta ambulante, o simplemente invisible a fuerza de estar ahí desde siempre.
El tema de la gráfica es totalmente irrelevante, y sin embargo ahí está, en múltiples formas, en todo tipo de usos y costumbres. Hay gráfica riquísima en antiguos avisos tipográficos -alguna vez luminosos- de los años 40s y 50s; murales inmensos abandonados a su suerte; exquisitos mosaicos al interior de olvidados edificios que son verdaderas joyas arquitectónicas; una variedad nunca antes vista de estampitas de oración que, aparte de los conocidos José Gregorio Hernández y María Lionza, cuenta con un séquito de ladrones, prostitutas y malandros en general conocidos como La Corte Calé o Corte Malandra, a quienes los devotos venezolanos adoran y piden protección; un único modelo de maniquí en toda la ciudad, moldeado con las voluptuosas curvas de la mujer venezolana y vestido con diminutas prendas diseñadas para seducir; un simpaticón marrano plástico que alberga en su panza los ahorros de los venezolanos; el esténcil y el graffiti igual al de todas partes y la figura siempre distinguida del libertador Simón Bolívar, atónito ante semejante despelote.
Lo que busque lo encuentra en todas partes, en la calle en los pequeños kioscos o tarantines con que millones de buhoneros o vendedores ambulantes invaden las calles de Caracas. Una especie de mega almacenes por departamentos regados por la ciudad, hechos de pequeños puesticos con sombrilla, apoyados unos con otros, instalados de por vida en las calles y antiguos pasajes peatonales, rodeados de basura, gente e inseguridad. Todo está ahí, en el mismo sitio al mismo tiempo. Los tarantines de música y películas pirata rodeados siempre de otros tarantines de ropa y accesorios reggaetoneros se pelean los oídos de los transeúntes con la máxima potencia de sus equipos de sonido; los hay de comida, de útiles escolares, de juguetes, de esencias, de rezos y estampitas… como las de los llamados Juanes: El Don Juan de los Tesoros, el Don Juan del Dominio, el Don Juan de la Buena Suerte , cuyas oraciones, únicas en su especie, son también parte de ese singular lenguaje que se habla en Venezuela: el venezolano.
Salud, dinero y amor, felicidad ansiada por todos en el juego y en el amor. Siempre te tengo en mi mente, ¡Oh, Don Juan de la Buena Suerte !. Te hago esta invocación para que en algo me ayudes. Tú, que siempre has protegido al apostador necesitado, que pobre y desamparado siempre de tí se ha confiado. Así sea. Amén.
Nota: Se recomienda usar la piedra del zamuro.
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. agradecimientos :
victoria araújo + betsy cáceres + ignacio carrillo + jimena guerrero + diana lópez + natalí marcano + iván oropeza + ronald peña + gabriela quero + carolina quevedo + francismar ramírez + maría inés rodríguez
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