Memoria de las principales producciones de populardelujo.
 
 
 
Besos desde Bogotá
Poliniza 2008 · Tercer Festival de Arte Urbano
Valencia · España



Si a los colombianos nos pidieran escoger las imágenes que mejor nos representan ante los ojos de los demás, no sería una sorpresa descubrir que junto con los hitos arquitectónicos del momento, continúan vigentes en nuestro imaginario colectivo el arriero y su cafetal, la pieza de oro precolombino, las flores exóticas, los frutos tropicales o los paisajes magníficos que quitan el aliento.

Aunque oníricas y reduccionistas, estas imágenes tienen la difícil tarea de contrarrestar a otras que circulan en los medios de comunicación, imágenes que en su mayoría harían desistir al más valiente de la idea de pisar estas tierras.

Pese a no haber estado físicamente en un lugar, nos construimos fotografías mentales a partir de las imágenes que circulan en los medios de comunicación, las postales, las guías turísticas e incluso de los relatos de otros. Reducimos la idea de un país entero a unos pocos rasgos: Inglaterra es un país de tiesos soldados vestidos de rojo y buses de dos pisos, Argentina, una llanura enorme poblada de gauchos tomando mate. Ningún país escapa a los estereotipos. De hecho, a veces quienes exportan con mayor entusiasmo los estereotipos son sus propios protagonistas.

Si bien –por obvias razones– en Colombia ninguna cultura extranjera ha arraigado tan hondo como la española (compartimos el idioma, la sombra de la misma religión y hasta el amarillo y rojo de la bandera), todavía algunas imágenes típicas del españolismo más literal aparecen intactas en los paisajes callejeros de Bogotá, Colombia, antigua capital del Nuevo Reino de Granada, colonia de ultramar del viejo Imperio de la Corona Española.

No son muchas, pero por allí están, como ingenuas postales turísticas de una región remota. Vienen, sobretodo, colgadas de la arraigada afición (y aversión) por la fiesta brava y por la buena mesa. Estereotipos que alguna vez cruzaron el océano en dirección oeste y que ahora, criollizadas por obra y gracia de graficadores informales y de las inclemencias callejeras, hacen el viaje de regreso a su lugar de origen. Regresan muy cambiadas, muy curtidas, con un no-se-qué extraño en el semblante, como aquellos exploradores del siglo XV que pisaron América y jamás volvieron a ser los mismos.