Proyectos creativos en diversas áreas alrededor de temas bogotanos.
 
 
 
Nelson Velandia
http://www.nelsonvelandia.com


Ojo a Nelson
Ojo cursi de pestañas onduladas, como de quinceañera. Ojo que no desea, que no congela, que se las pasa todas inocente porque la belleza siempre lo sorprende. No se frunce, no se acomoda, se deja sonreir. Nada se pierde porque las cosas desnudas se dejan retratar, no les da miedo perder el alma como decían los intelectuales cuando recitaban que en cada foto quedaba un pedacito de muerte.

Ojo pasiandero de domingo que camina por los parques y coquetea con los perros atravesándose los portales para pasar a escenas de patios íntimos en Bogotá. Se mete con las luces que brillan en las busetas, por las curvas de los puentes, entre las botellas de las gaseosas que ya nos acabamos cuando éramos chiquitos. Lo recoge todo como para tomárselo: bogotacita.

El otro ojo se saborió las delicias de Bosa y se untó del olor de la Sevillana por toda la autopista sur. Vigiló los potreros en donde se estaba construyendo tan despacio esa avenida grande para coger las ranas y escaparse de los pandilleros que se robaban las zapatillas de moda por allá por los años ochenta. Como estudió en el Colegio República de Italia, se paseaba por Venecia todas las tardes a la salida de clase. Trabajó en talleres de fotografía por más de 10 años y luego montó su estudio independiente, en el barrio Bonanza. Hace ya más de un mes compró un campero Nissan modelo 78, para poder bajar a la finca de la mamá en Cumaral.

El de los ojos se llama Nelson Velandia y es fotógrafo publicitario y de sus fotos favoritas. Con las primeras se ha ganado como cuatro premios internacionales, que la verdad le importan poquito. Con las segundas quiere montar algún día una exposición en una galería. Ese es su sueño.

Las favoritas

Una vez, pasaba por el frente de una casa en el barrio San Luis. Estaba como dejada, y en el garaje había un SIMCA vuelto nada. Pero, juemadre, no tenía una cámara.

Otra vez, estaba esperando que le trajeran algo de comer en un restaurante. Al otro lado de un vidrio martillado se veía una hamburguesa y la textura de una botella. Esto se ve chevre, pensó. Pero tampoco tenía la cámara.

La tercera vez había vuelto. Abrió un fólder y mostró todo un estudio del óxido en el SIMCA y una foto de la botella. “Esta parece una pintura”. Las tomó con una cámara de placa, en formato 4X5.

Desde esas veces, toda botella que ve, la guarda. Y procura tener cerca la Nikon. “Me encantan las de Kol Cana, y las de esa gaseosa Kist que venía en sabor a uva”. Encima de la repisa, frente a los computadores y el escáner, tiene una botella de Bavaria de las del águila verde.

Hay varias fotos que están colgadas en la pared. Es una serie sobre un zapato de bebé, un mocasín de cuero, pintado de amarillo, rojo y verde biche. Diferentes tamaños, diferentes ángulos, luces varias. La primera foto fue tomada en una cámara de placa de 6x7. La mamá de Nelson se encontró el zapatico en una buseta y se lo trajo. “Mire, ahí lo tiene”, le dijo.

En su casa, Nelson trabaja, hace negocios, imprime, revela, obtura, retoca, digitaliza y se va con la cámara a jugar con los chécheres de la terraza. Ha recogido montones de cosas de todas partes de la ciudad, ya no sólo botellas. “Ahí uno se solla sus fotos”.


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Reseñado por Laura García
reinapopular@yahoo.com
 
 
 
 
 
 
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