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Museo Vintage
http://www.museovintage.com
Visitar un gran museo es un asunto exigente: son kilómetros y kilómetros de pisos y paredes adornados con historias desconocidas; demasiados secretos, demasiadas causas y efectos, demasiados objetos fantasma que pocas veces le dan pistas a nuestra propia memoria. Forzamos los ojos hasta la jaqueca para leer cada leyenda pero al final nos vamos recompensados sólo por aquello que encontramos familiar.
Para el que quiera, pueda y no le de miedo ser colombiano existe un sitio que más que museo es una guaca de valor inestimable: www.muesovintage.com. Descubrir el mausoleo de José Asunción Silva; detenerse ante nuestros guerrilleros cuando tenían la misma pinta auténtica de los de Emiliano Zapata; ver en un mueble-televisor las imágenes borrosas de lo que fue el nueve de abril de 1948; contemplar una fotografía de la avenida Caracas cuando sus aceras no se habían prostituido; tener de frente a Amparito Grisales, o de cerca la boleta de la primera aparición de Guns and Roses en Colombia.
Museovintage es el álbum familiar donde presenciamos en blanco y negro y a color los momentos que han construido nuestra historia. Está al aire desde agosto de 2004, pero para sus creadores (Estudio Quimbaya) este es un proyecto que se ha venido gestado desde 1800. El concepto detrás de todo: "retrovanguardia", las nuevas tecnologías al servicio de la nostalgia.
El objetivo es la reconstrucción de la memoria visual, sonora y audiovisual que nos identifica, aquí todo puede adquirir carácter de patrimonio. Eso hace posible, por ejemplo, que escuchemos de nuevo la voz de Alejandro Villalobos en 88.9 cuando de verdad era joven, en los ochenta.
Nostalgia también es el Papel Periódico Ilustrado, el primer carro mecánico que anduvo por Bogotá, la moneda de un peso que servía para llamar desde los teléfonos públicos, Ramoncito y Dejémonos de vainas, Peter Alexander Tuta y Romeo y Buseta.
Este es un proyecto colectivo y todavía un sitio en construcción. Cuenta con contribuciones enviadas por historiadores, arquitectos, publicistas, periodistas, sociólogos, artistas gráficos, y amigos y donantes espontáneos. Así tal vez llegaron el bigote de Juan Guillermo Ríos -que también lució Pablo Escobar-, la corbata de Don Chinche, el retrato del corto pero inmortal esplendor de Pambelé, y la primera cuña publicitaria de Jean Book el cuaderno de la juventud.
A diferencia de los museos de la vida real, los gestores de este proyecto reciben aportes de cualquier transeúnte, basta con que tengan un mínimo de calidad y estén dentro del periodo de historia que comprende el museo (1800-2000). Después de todo, como dicen ellos, "cada quien es dueño de su propia versión de la historia y de su propia memoria".
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Reseñado por
Mauricio Gaviria
gaviriamauricio@hotmail.com |
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