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Taza tercera (las tres tazas)
Un artículo de José María Vergara y Vergara
Resulta que una noche del lejano año de 1866 “Los marqueses de Gacharná” invitaron a un selecto grupo de personalidades a tomar el té a su casa de las afueras de Bogotá. Junto con una serie de distinguidos invitados, dentro de los que se encontraba el señor Patricio Can de Lero y el alemán Bedghjlmnpgrst, figuraba don José María Vergara y Vergara, periodista, poeta y escritor. Don José María abandonó la casa de los marqueses hacia las 4 de la madrugada, pero la hora es engañosa. Nuestro ilustre personaje no pasó precisamente la velada más divertida de su vida y la prolongación excesiva de la velada no es más que otro ribete de ese castillo del aburrimiento en el que se convirtió la invitación de los amables marqueses. Sin embargo, fue un bodrio de fiesta con una generosidad de detalles y bizarrías que una agudeza como la de José María Vergara y Vergara fue incapaz de pasar por alto. Indigestado de esnobismo y de bizcochos insalubres, más aburrido que un caballo en un balcón, pero espantado y maravillado, nuestro insider hizo inolvidable una noche que era para olvidar.
Parecía un nostálgico de las costumbres perdidas, pero Vergara y Vergara era en realidad un tipo que estaba por encima de las arandelas de su época, de cualquier época. Era ante todo un defensor de los hábitos genuinos, de la amistad y la nobleza y un crítico de las pendejadas que empañan la vida cotidiana y obnubilan la mente de las personas. Y era además un escritor maravilloso. En ésta Tercera Taza don José María, indignado y divertido, toma al té como pretexto y a los desafortunados marqueses de Gacharná como chivos expiatorios y hace un ejercicio siempre saludable y siempre necesario: desenmascara la estupidez de la aristocracia, descubre en todo su patetismo el mito de la elegancia y nos deja ver cómo el cosmopolitismo muchas veces no es más que la pobre máscara de un provincianismo acomplejado. Y lo hace con el ingenio, la gracia, el cinismo y la fineza del mejor y más clásico humor bogotano.
Postizos, oportunistas y medio chiflados, tan diferentes y parecidos a todos nosotros, los marqueses de Gacharná, lo convidan a usted distinguido habitante del siglo XXI, a hacer música en el hogar y a tomar el té en familia. Conozca de primera mano el caso de cómo un natural de Sutamarchán, Boyacá se hizo ciudadano ilustre de Noruega, escuche de viva voz cómo Mateo Castillo devino en Matiheu Chateau y tenga el placer de departir una velada con las mujeres que llevan rastros de gatos en sus peinados. Todo al calor de un apetitoso antiespasmódico.
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Reseñado por Populardelujo
info@populardelujo.com
Tomado de http://www.lablaa.org/blaavirtual/literatura/cosiv/cosiv23c.htm |
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