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Taza segunda (las tres tazas)
Un artículo de José María Vergara y Vergara


Allá por los años noventa, cuando había el ánimo de hablar carreta con los compañeros a la salida de clase, alguien decía: ¿vamos a echar tinto? Muchos se pegaban a la invitación, a veces hasta el profesor. Estamos hablando de épocas lejanas, cuando aun no se había impuesto formalmente el gaseoseo.

El café es una tradición vieja. Maña de filósofos e intelectuales. Lo tomaban los griegos y los árabes, y en la Edad Media era conocido como bebida propia de flacuchentos ingeniosos a los que les relamía la médula y los dejaba con el ánimo renegrido, como quien dice muy melancólicos. A principios del siglo diecinueve, los ingleses lo pusieron de moda en Europa: la bebida de los colonizadores. Y de ahí a que se empezara a tomar en la Nueva Granada sólo hubo un pasito. Milochocientoscuarentayocho, dice don José María.
Pero tanto para él como para el bogotano de ahora, la invitación al tinto está lejos de ser motivo de tristeza. Es que ni siquiera en los velorios.

Así como para Vergara el papelito azul de un café de jueves santo acabó en contradanza hasta la madrugada, al bogotano se le vuelve cigarrillo, galguería, chisme, y por ahí derecho puede que rumba y cerveza. El café sirve para todo. Si no sabe cómo caerle a la muchacha, joven, pues invítela a un tintico.

La costumbre bogotana de decirle tinto a ese café a media carga, sin crema y sin leche, que se endulza bastante y en el mejor de los casos se hace con aguapanela, tal vez nos viene de la idea innovadora de don Juan Viñas, que se quiere apropiar del nombre español del licor y de la moda inglesa del café con las licencias criollas del chocolate, como lo insinúa Vergara en su segunda taza. Desde entonces el café –mejordicho el tinto, ya que estamos entre amigos- también va encima del almuercito con ajiaco y pollo, o del ejecutivo con lentejas. Y tanto entre los cofrades de Vergara como entre los estudiantes de cafetería, los oficinistas, los loteros, los conductores, las amas de casa y tantos otros, la tomada de tinto es un pretexto para cualquier otra cosa. Como quien dice, mija, amárrese el barboquejo y camine a ver.


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Reseñado por Laura García
reinapopular@yahoo.com


Tomado de http://www.lablaa.org/blaavirtual/literatura/cosiv/cosiv23b.htm
 
 
 
 
 
 
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