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Taza primera (las tres tazas)
Un artículo de José María Vergara y Vergara


¡Musa de Grecia, la de las ingeniosas ficciones, hazme el favor de decirme
cómo diablos se pudiera hacer llegar a las narices de mis actuales conciudadanos
el perfume de aquel chocolate colonial!

José María Vergara y Vergara


Habían pasado tres años desde que se rompiera el florero de Llorente, y nuestro viejo y cansado país entraría en un conflicto, que al parecer de muchos, todavía no ha llegado a su fin. Estamos en los comienzos de un siglo industrial, que no sabemos qué nos traerá, y sin embargo, de la misma forma en que la Coca Cola fue la bebida de la segunda guerra mundial, el chocolate santafereño lentamente se iba tomando los resguardos y trincheras de todos aquellos que soñaban con la libertad.

Estamos en 1813 y Antonio Nariño enfila sus tropas hacia el sur. Razón por la cual no es de extrañarse que la incipiente élite capitalina se entusiasme para preparar un agasajo. El lugar, la casa del Marqués de San Jorge. La anfitriona, Tadea Lozano. El festín, una deliciosa taza de chocolate santafereño. Puede que dicho festín, a la luz del siglo XXI parezca mucho más modesto de lo que realmente fue. Pero hay que tener en cuenta que la tradición de la taza de chocolate es una práctica meramente de clase. Su compleja preparación da fe del placer aristocrático que le es reservado. Primero se mezcla el cacao con canela, para después humedecer dicha mezcla en vino, dejándola añejar durante ocho años. Luego del añejamiento, se debe introducir las pastillas en agua hervida, dejando que dos hervores consecutivos puedan disolver la mezcla. Al tercer hervor entra en acción el molinillo, y el chocolate está espumoso y listo para servir.

Dicho agasajo del 13 de mayo de 1813 es narrado en uno de los escritos que ha sido catalogado como la obra maestra del costumbrismo bogotano, Las tres tazas. En este escrito del siglo XIX, José María Vergara y Vergara hará un recorrido histórico-literario por lo que fue Bogotá, pero dicho recorrido está enmarcado no en la historia de la ciudad, sino en la historia de sus bebidas y sus festines, en la historia del paso que se dio entre las tazas de chocolate, té y café. En este caso, la taza de chocolate, la taza que el bibliómano habrá de describir como unos de los acompañamientos con los cuales se llevó a cabo nuestra gloriosa emancipación política.


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Reseñado por Camilo Andrés Rosero
camiloandres@gmail.com


Tomado de http://www.lablaa.org/blaavirtual/literatura/cosiv/cosiv23a.htm
 
 
 
 
 
 
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