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Cuestión de fe
Un proyecto de Carolina Villarraga y Esteban Rivera
En alguna parte, Sartre escribió que la condición humana es el constante conflicto entre el deseo y la necesidad. Que los que se inclinan por el primero son más artistas, y que los que satisfacen la segunda viven mejor. Pero lo que pasa muchas veces es que se necesita el deseo, porque la simple vida sería muy aburrida. Y entonces uno se empeña en que comer, dormir, caminar, habitar, rezar, se conviertan en actos espléndidos.
Para Carolina Villarraga y Esteban Rivera, dos estudiantes de diseño gráfico de la Universidad Nacional, aplica el eslogan de una crema que se usaba hace tiempo para el dorado de los santos: "limpia, brilla y da esplendor". Muy pulido el video: lo que ellos hicieron en CUESTIÓN DE FE, mostrando la ruta del Veinte de Julio a través de los pasos de Bola de Fuego, un músico de la ciudad, fue darle lustre a un montón de costumbres, sagradas y profanas, que varias generaciones han echado a andar calle arriba por la ventisiete sur. Detrás de todas ellas está el toque para hacer espléndida la vida que sólo algunos bogotanos tienen.
Para que lo espléndido se revele de lo cotidiano, hay que permitir que un gran ojo se construya. Encima de la mirada de gafas oscuras del caminante del video, se ha trepado un divino niño para hacer que los ojos del músico -y los de uno también- se deslicen entre la gente, entre las ventas de la calle, entre los avisos que le untan a usted en la pupila la fragancia para retener al ser amado. Luego, el caminante llega a un templo viciado de luz blanca. Entonces, uno ya se ha instalado encima de las gafas oscuras, al lado del divino niño. Para cuando el personaje sale de la iglesia, uno ya está listo sobre el mirador para darle otra vez de comer al ojo.
En la dieta de la familia veintejuliera que va a rezar por sus favores durante media horita en la misa con el cura español, la pollería ocupa un lugar fundamental. No coma cuento: para comer pollo no se necesitan guantes ni cubiertos, ni siquiera platos individuales; cada cual coge su presa y le echa mano. El pollo asado es una de las pocas marcas de distinción posibles para las familias de media-baja o de media-media, porque uno usa las mismas medias del colegio entre semana bajo el bluyin dominguero de ir al veinte.
Desde el mirador del video de Carolina y Esteban, el pollo también ocupa un lugar de distinción. Está el pollo fortacho, que desde el cartel le hace fuerza a uno para que entre a comer; el que intenta seducir al hambriento con la combinación hipnótica de letras rojas y fondos reflectivos, el pollo eternamente humeante o el coquetón de las gafas oscuras. No se trata sólo del anuncio que necesita vender; también está el deseo de jugar con la mirada. "Allá uno no mira los carteles", dice Carolina. "Allá los carteles lo miran a uno".
Antes del niño del mirador, el primer Divino Niño fue el Jesús de Praga, todo él envueltico en perlas y terciopelos arreglados por una princesa auténtica, con su orbe de oro macizo y su corona de piedras preciosas. Divino. Para que se volviera nuestro, los curas salesianos le quitaron las joyas y lo pararon encima de una piedrita que dice yo reinaré. Esa imagen comenzó a reinar a finales de los cuarenta en una vereda falduda del suroriente de Bogotá.
Desde entonces, el niñito de la túnica y el ceñidor azul se metió al imaginario popular de lo espléndido, con copias y estrategias infinitas.
Con tanta reproducción, el divino niño pierde la forma de los ojos o la boca y se le corre el tinte rubio del pelo. Pero aunque la imagen comience a desaparecer, ya no es necesaria. En la costumbre diaria del Veinte de Julio, y también en el video que la recorre por unos minutos, la intención de crear permanece, sin pretextos. "Es que la religión da para todo", dice Carolina, mientras se acuerda de que el músico Bola de Fuego que protagonizó CUESTIÓN DE FE, como el Divino Niño copiado miles y miles de veces, tampoco era el original. "Pero no necesitábamos que fuera el de verdad. Lo que uno quiere es ver, solamente pararse a mirar". Y la mirada, sin más, es un acto espléndido.
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Reseñado por Laura García
reinapopular@yahoo.com
• créditos:
• realización: esteban rivera + carolina villarraga • música: bola de fuego + julio montaño “El Original” • cámara: miguel hernández + carolina villarraga • actuación: josé maría estrada • asesoría: armando silva + alfonso espinosa • investigación: ángela baquero + lola barreto + iván asaad • agradecimientos: oscar andrade + ignacio segura + josé del carmen rivera + rafael sanabria + almacén maría auxiliadora • Universidad Nacional de Colombia · Escuela de Diseño Gráfico · Bogotá Colombia 2003 |
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