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Cosiánfiro
Un proyecto de Juan Carlos Otoya
Algunos tienen una caja de peluche para guardar los kleenex, algunos tienen un reloj cucú junto al xilófono, algunos tienen un iPod. Sin embargo, la que van a ver a continuación es una selección de artefactos que en términos generales todo bogotano tiene, ha tenido o tendrá. El equipamiento básico, digamos, con el que todo habitante de esta ciudad afronta la vida.
En abril de 2004 cinco de estos objetos hicieron su aparición en el cabezote de El Popular. Detrás de aquel cabezote estaba una recolección realizada por Juan Carlos Otoya, un diseñador industrial bogotano que se dio a la caza de esos artefactos “que nos pertenecen a todos, que nos remiten a nuestra vida ordinaria, objetos con los que siempre hemos tenido relaciones de uso satisfactorias y que nos resultan tan comunes que nos parece obvio que existan” (Otoya). Y va uno a ver y sí: ¿nos hemos preguntado alguna vez de dónde salieron las alcancías de marranito? ¿Las transplantamos de la cultura estadounidense o se dan silvestres en Ráquira? ¿Ha usted comprado, lo que se dice “comprado”, alguna vez un kilómetrico? Para la mayoría de la gente es un bolígrafo milagroso que aparece de repente –y ya mordido- en el escritorio. Y que como aparece desaparece. Igual: uno abre un cajón de la casa o mete la mano en el bolsillo y ¡puf! como por generación espontánea se encuentra con un caucho para el pelo: ¿Quién lo compró? ¿Cuántos años tiene? ¿Por qué rojo?
Así, sin pretensiones distintas a la de funcionar –como afirma Otoya- son muchas de las cosas que nos ayudan a vivir mejor. Muchas de esas cosas no tienen un nombre propio o una marca. Algunas ni siquiera se consiguen en un lugar en particular. En serio. Usted se levanta por la mañana con la firme convicción de comprarse un calzador, entonces se alista y sale a la calle y qué hace, ¿para donde agarra? Lo más seguro es que se quede paralizado por la impotencia y tenga que dar media vuelta y meterse resignado en su casa con la esperanza de que algún día el bendito calzador le salga al encuentro. Así son pues estos cosiánfiros que inauguran esta naciente y siempre incabada colección. Han estado ahí desde que nacimos y van a seguir ahí después de que nos muramos. Son mejores que nosotros. Más útiles, menos arrogantes, más duraderos.
Ahora, no es para se vaya a sentir culpable. A estos objetos no les importa ser ignorados. Ellos saben que su aceptación es inversamente proporcional a su notoriedad, saben que si son ignorados es porque no dan problemas y saben que si no dan problemas es por que cumplen su función a cabalidad. Ellos no quieren, de verdad no quieren, ser bellos e impresionantes y salir en libros de Taschen.
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Reseñado por Populardelujo
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