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Alec Soth · Dog Days
El 2004 fue un buen año para el fotógrafo estadounidense Alec Soth. Su trabajo fue la revelación en la Bienal del Whitney Museum of American Art, que reunió en Nueva York a más de cien de los mejores artistas de Estados Unidos. Fue nominado para ser miembro de la Magnum Photos, algo así como el estrato seis de la fotografía a nivel mundial; publicó su primer libro de fotografías, Sleeping by the Mississippi, cuyas imágenes dan ganas de habitar; y también obtuvo una beca de la Fundación McKnight y la Universidad de Minnesota. Con todo esto dio de qué hablar en medios como The Washington Post, Boston Globe, Newsweek, Time, y The New Yorker. Tan buen año fue, que algunas de sus obras dejaron de ser vendidas para convertirse en piezas de colección. Tal vez este brillo se relacione con el milagro que un año antes agradeció subiendo al cerro de Monserrate. A principios del 2003 Alec Soth y su esposa adoptaron una niña en Bogotá: Carmen Laura.
Soth se propuso hacer un libro de fotografías cuyo tema sería la ciudad natal de su hija. Entonces retrató a la capital en una calle desocupada, en un muerto, en un Renault 6 y un French Puddle, en un gallo de pelea, en un señor bizco muy bien peinado pero sin afeitar, en un Lenin perdido en un jardín doméstico, en un cura, en una niña de brazos y, sobre todo, en muchos perros callejeros. Perros flacos, desteñidos, aplastados de cansancio contra el piso. Al fotografiarlos pensó que eran una buena metáfora de los miles de niños indigentes que habitan nuestra ciudad, que no tienen papás (son 90 mil perros callejeros). Y con esa idea terminó el recorrido fotográfico que duró un mes, el mismo tiempo que tardaron los trámites legales para la adopción de la niña.
Dog Days, así llamó Alec Soth a este trabajo de retratos que no buscan contar una historia sino sugerir y evocar una sensación y una mirada. Entró a las casas como cualquier hijo de vecino para pedir prestado el encuadre de la sala o el del cuarto de la niña, el de las porcelanas, y el de todo lo que deja de ser normal en la cámara de un fotógrafo profesional. Soth vio a Bogotá como una ciudad verdi oscura y en una palabra la definió como agridulce. Casi se muere del susto cuando estuvo en el Cartucho pero al final de esos Dog Days, Bogotá le dio la oportunidad de sentirse enamorado cuando vio por primera vez a su hija Carmen. Hoy dice que la foto que más recuerda de esta experiencia es la de una niña que carga en las manos un perrito de aquella raza que parece la friolenta miniatura del Doberman: “Esta niña me hizo pensar en mi hija, en lo bonita que llegará a ser y en lo hermoso que es su país”, dijo.
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Reseñado por Mauricio Gaviria
gaviriamauricio@hotmail.com |
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