|
 |
|
 |
| |
Fósforos El Rey
Cuenta la leyenda que por allá en el año de 1924, cuando los chapetones ya no reinaban estas tierras y la Patria Boba iba mutando lentamente hacia la patria dormida, en Manizales hubo una explosión empresarial entre las que se cuenta la creación de varias industrias: una de puntillas, una de sombreros, dos de hilados y tejidos, una de impermeables, una de "Bálsamo de Vida", una fábrica de cigarrillos, dos fundiciones, dos de bebidas gaseosas, tres tostadoras de café, cinco cervecerías, tres trilladoras de maíz, cuatro fábricas de jabón, cuatro de velas, varias panaderías, un molino de trigo, quince trapiches modernos y una fosforera llamada Fósforos El Rey.
Dicen que los reyes eran la luz de la sociedad pero en nuestro caso El Rey era la luz y el fuego de un país que de reyes poco y de reinas demasiado. Los años pasaron y como en toda buena monarquía, los vástagos bastardos fueron apareciendo por ahí: caldo, condimentos, luces de bengala, jabones y hasta un motel en Álamos fueron los hijos ilegítimos de la fosforera.
Y aunque en el motel se encendieran las pasiones y los condimentos prendieran el sabor de los colombianos, lo cierto es que El Rey era el amo y señor de la candela en Colombia. Ni siquiera los ataques demoníacos de Fósforos Vulcano o de los novedosísimos prende-sobre-todo y anti-ecológicos Fogata pudieron con la fábrica de Fósforos El Rey. Sin embargo, a cada reino le llega su verdugo.
Eran los años noventa, El Rey seguía siendo el favorito de la dama, del caballero, del niño, del celador y de todo aquel que necesitara de los 85 peones con cabeza volátil de ese gran ejército distribuido en cajitas.pero un día la tragedia llegó. Cuentan los sobrevivientes que al imperio de nuestro Rey llegaría un invasor cuyo poder era incluso más flameante que el de los encendedores contrabandeados que en los ochentas hicieron de las suyas a las finanzas de la que nunca dejó de ser una pequeña fosforera y cuyo trono se encuentra en la cercana comarca de Madrid, Cundinamarca. Ese demonio, ese que puso en jaque a El Rey, fue conocido como Apertura Económica. La plaga había caído a la pequeña empresa. Nunca antes El Rey y sus súbditos tuvieron que enfilarse en una batalla contra una invasión de fósforos de Ecuador, Panamá e incluso México.era el final; el señor de los cerillos estaba condenado a la guillotina de la quiebra. Fósforos el Tigre, los encendedores de mil y los fortalecidos Fogata habían concertado contra su majestad.
Pero El Rey no iba a perder su trono. Por allá en 1997, gracias a los movimientos artísticos que buscaron y que aún buscan en la cultura popular las raíces del arte criollo, la imagen de El Rey saltó de las cajitas a las camisetas, a los cuadros del Salón Nacional de Artistas, a la iconografía nacional. Como si se tratara de un regalo de los dioses, El Rey, con sus espesas barbas, empezaba a ser arte y por sobretodo, patrimonio cultural colombiano. Pero no sólo de reconocimiento vive el hombre y mucho menos un rey. Por aquello del top of mind, de la recordación de marca y del bench marketing, una empresa comercializadora de productos de alta rotación (en palabras de plebeyo, todo aquello que se vende en la tienda), decidió inyectar algunos chelines a Fósforos El Rey para salvar la pequeña fosforera.
Ahora nuestro Rey luce igual que siempre; sobrio, bonachón, modesto, pero ante todo flameante y dispuesto a seguir jugándosela, llamarada tras llamarada, ante el cada vez menos ardiente negocio de los fósforos y los encendedores. Sólo resta decir: larga vida a su majestad. Larga vida al rey, a Fósforos El Rey. ---
Reseñado por Diego Fernando Valencia
diegofernandovalencia@gmail.com |
|
|
 |
|
 |
|
| |
| |
| |
| |
links relacionados
en populardelujo: |
|
|