Marcas y productos que se han convertido en patrimonio de la ciudad y de la nostalgia.
 
 
Almanaque Bristol


El Almanaque Bristol aparece todos los años hacia mediados de noviembre, de forma simultánea y como por arte de magia en semáforos, tiendas de barrio, cacharrerías y casetas de Bogotá. Una vez aparece, los distribuidores interesados se agolpan en los expendios autorizados para conseguirlo y comenzar una vez más con una venta que no ha parado desde 1831 cuando la compañía norteamericana Murray & Lanman involucró a Colombia en su negocio de lociones perfumadas, jabones aromáticos y remedios capilares.

Aquella empresita, que hoy en día se llama Lanman & Kemp-Barclay & Co. Inc., vende lociones desde el siglo XIX y desde entonces parece no haber cambiado las etiquetas de sus productos, las cuales lucen como réplicas del estilo romántico con aires de Alphonse Mucha. Tampoco cambia la estrategia publicitaria, masiva, internacional, que ha aparecido anualmente de forma ininterrumpida durante casi dos siglos y que conquistó no sólo al público inicial al que se dirigía, sino a sus nietos y bisnietos. Quién sabe si en los albores de los años 1800 el inventor de esta contundente campaña publicitaria alguna vez imaginó que fuera a resistir tanto, quién sabe si era consciente de que estaba inventando una campaña que debería considerarse un hito en la historia del oficio.

En Bogotá el Almanaque Bristol tiene un valor que se define con palabras de corte místico: oráculo, santoral, predicción, cabañuelas, horóscopo. Todo acompañado de anuncios publicitarios que evocan los años 50 y las gacetas bogotanas que se leían en la época. Es una publicación tan auténtica que no ha cambiado de formato desde su nacimiento porque simplemente no lo necesita; el público la busca tal y como es, así como debe buscar en las cacharrerías de San Victorino los productos Murray & Lanman, tal y como son, con sus envases floripondios y su apariencia de pócimas de magia blanca.

Hoy en día la gaceta es consultada por personal de todos los estratos y procedencias, bien sea para saber cuál es la mejor época para cortarse el pelo o podar las matas, o para ubicarse en el transcurrir católico y ecuménico del año. El ejemplar consultado por populardelujo incluye en la contracarátula el anuncio de la "Cacharrería Bety" (Mercancías para Negocio) que se ubica el la calle 11 con carrera 13. Su dueño, don Isaías Forero, dice que desde hace quince años, por ahí en el mes de octubre, pasa un vendedor preguntando "¿cuántos le dejo este año?" y si es una cifra que valga la pena le actualizan los datos del negocio y le sacan su anuncio. Son varios los negocios que como la Cacharrería Bety se benefician de la compra y entran en la edición anual; don Isaías dice que el almanaque es elaborado por fuera; que los cálculos astronómicos correspondientes a la República de Colombia son hechos en Canadá si mal no recuerda, y que le parece muy bueno que una multinacional tan importante tenga en cuenta a nuestro país para repartirle cada año su calendario e informar a la población.


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Reseñado por Ángela Ramírez
angram21@hotmail.com