Sujetos vivos, muertos, reales o imaginarios que integran el reparto bogotano.
 
 
 
La Vírgen de Chiquinquirá, Patrona de Colombia


Saliendo de Bogotá con rumbo norte la carretera lo ha llevado a uno al valle de Chiquinquirá. Inmensos pastizales en donde las carrozas cargadas de leche, los cultivos de maíz, las ruanas y las fachadas de las casas llenas de flores, no dejan duda de que se ha entrado en un ambiente de tradición y arraigadas costumbres y creencias. No sorprende entonces que la ciudad reciba al visitante con un mensaje que dice: "Chiquinquirá, espiritualmente encantadora". Bienvenidos pues a la tierra de la Patrona de Colombia, La Santísima Virgen de Chiquinquirá, una versión local de la mundialmente conocida Virgen del Rosario a quien millones de colombianos entregan su salud, sus preocupaciones, sus afanes y sus secretos en el altar de la Basílica que lleva su nombre.

La historia de esta representación de la madre de Jesús empieza en 1560 cuando el encomendero de Sutamarchán y Chiquinquirá le encargó al pintor religioso Alonso de Narváez una imagen de la Virgen del Rosario. Luego de permanecer expuesta por un corto tiempo en la iglesia de Suta la pintura se echó a perder y, rasgada y prácticamente borrada, estuvo arrumada en un granero en Chiquinquirá durante casi 30 años. Pero un buen día María Ramos, devota de la Virgen del Rosario, la encontró por casualidad, la desempolvó, la colgó y le rogó a la Virgen que se le manifestara. Y sí que lo hizo: días después, lo que tomaron por un incendio no era otra cosa que el brillo descomunal que irradiaba la pintura.
Reluciente y completamente restaurada, la nueva Virgen de Chiquinquirá pasó a convertirse en la admirada por todos, en la visitada por los vecinos, los párrocos y hasta el arzobispo de la época. Fue entonces evidente que De Narváez se había tomado algunas libertades: al darse cuenta que el formato apaisado escogido dejaba libres dos grandes espacios a lado y lado de la Virgen, invitó a la escena a San Andrés Apóstol y a San Antonio de Padua. Lo singular de la composición y el milagro de la restauración ya daban para pensar que se trataba de una Virgen especial, pero cualquier duda quedó despejada cuando se le atribuyó a la imagen la curación de un paralítico. El rumor no se demoró en recorrer todo país y año tras año la devoción  a esta Virgen fue tomando más fuerza, hasta que en 1829 el Papa Pío VII la declaró  Patrona de Colombia y quedo instalada para la posteridad en el panteón de divinidades católicas que cobijan y protegen a este pueblo creyente y fervoroso.

Domingo tras domingo La Basílica de Chiquinquirá se llena de visitantes, generalmente provenientes de Bogotá, Boyacá y Santander, que llegan a la iglesia buscando el lienzo de la mujer que con el Niño Jesús en brazos y un pajarito en la mano, aguarda serena los favores que la gente le pide. Favores que muy a menudo se hacen realidad porque según cuentan sus devotos la fama "milagrosa" de está Virgen sigue en alza. La mayoría de las peticiones tienen que ver con sanaciones y se supone que por más impedido que esté, es el enfermo en persona quien debe ir a hablarle al oído a la Virgen. Aunque la verdad es que al oído es difícil, pues la imagen está colgada a 6 metros de altura. Por eso es a sus píes que se ve cada domingo este grupo de personas hablando en voz alta, explicándole a la Virgen la ayuda que necesitan y poniendo con cuidado un muñequito de cera amarilla que representa a aquel que pide el favor. Si es un niño, será un muñequito chiquito que chupa dedo; si es una mujer, uno más grande con falda y peinado de señora. También ponen figuritas de piernas o brazos, las partes del cuerpo que necesiten del toque divino.

Pero los que buscan la ayuda no van solos. Normalmente van con sus familiares que pacientemente los esperan a un lado para después salir a deleitarse con todas las ventas que hay en los alrededores de la Basílica, que van desde imágenes religiosas en todos los formatos imaginables –camándulas, laminitas, pelotas, dulces, cuadros y bolsos– hasta instrumentos musicales "a escala" para los niños, pasando por bocadillos, dulces fosforescentes y canastos y cerámicas hechos con los materiales de la zona. Semejante panorama da fe de que la comunicación entre la Virgen de Chiquinquirá y sus devotos oradores es cálida y directa. Todos los fines de semana la gran plaza central de la ciudad se llena de "rolos" que se mezclan con la población local, y vienen hasta aquí para adorar a esta imagen, para entregarle sus preocupaciones, para comprar una imagen suya que decore y proteja el carro, pero también –porqué no– para tomarse una foto disfrazados de charro sobre un caballito o jugar tiro al blanco con una escopeta de cañón desviado. Y para cerrar el viaje con un dulce, espiritualmente delicioso, antes de coger el camino de regreso por esa carretera repleta de tradición y de carros.


---
Reseñado por Natalia Ucrós
nataliaucros@gmail.com

 
 
 
 
 
 
links relacionados
en populardelujo:
•  Virgen de Chiquinquirá
Vírgenes