Sujetos vivos, muertos, reales o imaginarios que integran el reparto bogotano.
 
 
 
La devoción al Divino Niño
Un artículo de María Paulina Ortiz


Yo reinaré... Y reina como los grandes: lo aclaman multitudes. Rosadito, cachetón, rozagante: así es el rey de Bogotá. Qué Señor Caído ni que nada, el divino baby se impone y arrasa; menudo, humilde y apastelado. En este artículo publicado en La Revista de El Espectador, María Paulina Ortiz da cuenta del fenómeno social -que ya alcanza proporciones nacionales- que es la devoción al Divino Niño; y de su epicentro, el santuario del Barrio 20 de Julio.

De diseño 100% colombiano, de superpoderes comprobados y convertido en un ícono que se repite compulsivamente y con variaciones inimaginables en el paisaje urbano, el Divino Niño del 20 de Julio -una representación del Niño Jesús suspendido en una nube con los brazos extendidos, cuyo culto instituyó un padre italiano- es sin lugar a dudas el patrono de Bogotá.


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Tomado de La Revista de El Espectador nº 110 · Bogotá 25/08/2002
 
 
 
 
 
 
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