Emblemáticos sitios y establecimientos en donde transcurre la vida bogotana.
 
 
El Restrepo


Al sur de la ciudad, en la localidad Antonio Nariño, entre la Avenida Primero de Mayo y la 10ª sur y entre la Caracas y el Parque La Valvanera (calle 19 sur) se encuentra el barrio El Restrepo, famoso por su industria marroquinera y la producción de calzado de excelente calidad que abastece parte del mercado de Bogotá y de otras ciudades del país. El Restrepo es uno de los barrios con mayor identidad en estos 2667 metros.

Entre zapatos, maletas ABC, puestos de comida ambulante y cientos de locales comerciales en donde se puede conseguir desde empanadas hasta minutos celulares pasando por lencería, telas, mangos y hasta conejos, El Restrepo sigue escribiendo la historia de esta ciudad cosmopolita. Por sus calles van desde estudiantes de diseño buscando insumos para sus proyectos hasta hombres como Alirio Sierra, quien recuerda cuando El Restrepo eran sólo dos manzanas y las llanuras del sector se extendían más allá de los cerros orientales; allí, en lugar de cinturones de miseria, florecían lirios, lulos sabaneros, fresas campestres y hasta uno que otro hongo gentilmente consumido por los hippies de la época.

Pero esos son tiempos lejanos, ahora los pitos, los vendedores y el miedo a que la industria china “quiebre” al sector son el paisaje de un barrio que perfectamente podría vivir en la autarquía, pues su plaza de mercado sus locales financieros, de rumba, sus jardines infantiles, sus celadores privados y hasta sus academias de artes marciales hacen de El Restrepo una república independiente.

Las dos manzanas de hace cuarenta años son ahora algo más de diez en donde gente de todo el país se encuentra para hacer que los bogotanos pongan los pies sobre la tierra. Aquí el cuero, la gamuza o el charol son literalmente el pan de cada día.

Tal vez si el príncipe de la Cenicienta hubiera buscado la horma al pie de su doncella en este populoso sector -de 25 mil habitantes residentes y cincuenta mil flotantes- no se hubiera casado con la insípida y trágica huérfana sino que habría encontrado una belleza más robusta y con menos complejos de inferioridad, pues en El Restrepo las mujeres son fuertes, trabajadoras y en muchos casos grandes comerciantes.

Pero hay algo más, a El Restrepo llega la moda de todo el mundo, las marcas más reconocidas tienen un par de tiendas de saldos en donde la expresión “50% de descuento” se convierte en miel para aquellas “abejas” que van a comprar su ropa por la mitad del precio ofrecido en los centros comerciales del norte de la ciudad.

Pero no son sólo zapatos, insumos y ropa, como diría doña Gloria de Castaño: aquí en El Restrepo también hay espacio para el amor… o para el sexo. Más de una docena de moteles hacen más libidinosos los días y las noches del sector. Pero hay amor para todos los gustos; aparte de sus moteles, también hacen parte del barrio tres iglesias católicas e incluso el centro de encuentro más grande de aquellos que le hacen barra a la oración fuerte del Espíritu Santo.

Ese es El Restrepo, una docena de manzanas de comercio, de rebusque, de recursividad, de colombianidad; sólo resta esperar que la fiebre amarilla y la plaga del TLC no acaben con este sector que consolida una vez más aquella rebuscadora teoría que reza “si usted en Bogotá se propone vivir de vender arepas, de vender arepas vive”.


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Reseñado por Diego Fernando Valencia
diegofernandovalencia@gmail.com
 
 
 
 
 
 
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•  Bogotá, historia común