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Casa Olímpica
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Casa Olímpica es uno de esos almacenes que se ha convertido en un emblema nacional. Todo niño colombiano ha comprado sus primeros Guayigol, el futbolín, el manual de baloncesto que pedían en la clase de educación física, el lazo para saltar, la pera, el balón de micro, los guantes de boxeo del Happy Lora o la peluca de René Higuita. Hasta cierto punto Casa Olímpica está ahí ¿quién no botó un balón de fútbol a la calle para tener que ir a reponerlo con un Golty de $20.000? Esos acontecimientos por dolorosos que fueran, generaban una excursión al centro de este local que también vendía medias de fútbol en todos los colores, taches intercambiables, sujetadores para la nariz y toda clase de artículos inconcebibles para el deporte. En Colombia nunca hubo un Adidas o un Nike que pudiera suministrar dichos artículos, si se deseaba comprar algo para hacer deporte el sitio era indiscutible, y hoy en día a pesar de la entrada de las grandes marcas deportivas Casa Olímpica se mantiene.
Los hermanos Neira, fundadores del almacén, lograron transmitir la pasión por el deporte que los embargaba. En este caso no fue el fútbol ni el baloncesto, mucho menos el tenis, su pasión tenía una raíz olímpica, y se veía sutentada por las medallas de oro con las que se alzaron en los Juegos Deportivos Bolivarianos de finales de los años treinta. Pero a pesar de que el negocio iba sobre ruedas, el sueño de los hermanos casi se va al garete por el pandemonium que se llevó a Bogotá con la muerte de Gaitán. El centro capitalino quedó semidestruido, y el almacén al igual que muchos otros negocios, no pudo repeler los saqueos que se realizaron. Fue así como con un pie al otro lado de la existencia el negocio tuvo que mantenerse con la ayuda de colaboradores que dejaron mercancía en consignación mientras la situación se reestablecía. Y se restableció de la manera menos pensada, la pasión despertada por Millonarios y por su nómina monumental hizo que el deporte nacional viviera un auge que no sólo benefició a las distintas instituciones deportivas, sino también a todos los negocios que vivían del deporte. De aquí en adelante la situación se estabiliza y Casa Olímpica llega a consolidarse en el mercado citadino.
Hoy en día puede que la situación no sea igual que en décadas anteriores, la apertura del mercado ha permitido que entren las grandes marcas, con sus grandes logos, con sus grandes vallas, con sus grandes estrellas. Pero ¿qué clase de competencia es encontrar balones de $180.000 mientras el Golty y el Mikasa siguen siendo tan rentables? O mejor dicho, por más marca que llegue a nuestro país, esto no va a minar nuestras instituciones.
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Reseñado por Camilo Andrés Rosero
camiloandres@gmail.com |
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