Mañas, rutinas, tradiciones: maneras propias que tenemos de hacer las cosas.
 
 
 
La ventana indiscreta
Fotografías de Leonardo Ochica


P´al lado de acá, de la casa, uno siempre busca sentirse protegido. Que los balones que avientan los chinos que juegan banquitas en la calle por las tardes no le rompan el vidrio, que no le dañen las matas del antejardín, que no le miren para dentro las cositas que tiene en el primer piso, que no se le metan los rateros, que los pitos de los colectivos y los gritos voceadores del carro de los ofertones se sientan un poquito más lejos, que se pueda uno asomar a la calle por la noche sin peligro por si alguien toca o para poder mirar a ver qué es lo que pasa afuera, no más por saber.

Y desde el lado de allá, a pie, o en cicla, o desde la buseta en la que atravesaba los barrios La Serena, El Minuto, San Rafael, San Fernando, 12 de Octubre, Quirigua, Los Cerezos y un pedacito de Normandía, a Leonardo Ochica le parecieron bonitas las rejas que lo separaban del lado de acá. Es, como él dice, que la necesidad de sentirse seguro empezó a servirle al bogotano como forma de expresión estética: la reja no sólo separa a los de adentro de los peligros de la calle; también sirve para mostrar, desde el lado de acá, cómo es uno y cómo quiere que lo vean desde el lado de allá.

Todo lo que se muestra desde el lado de acá hacia fuera tiene un valor particular. Es una necesidad que desaparece en los edificios de apartamentos del 301 para arriba y que se vuelve más intensa en los primeros pisos y en las casas de barrio. Por eso las forjas exóticas y llenas de color o el rediseño de la puerta del vecino. Muchos llegan al taller del ornamentador con la idea de algo que ya han visto, pero con la imagen clara de cómo mejorarlo. Es una marca de distinción para que la aprecien los de afuera.

No fue fácil. Muchas de las fotos que hizo Leonardo de las rejas bogotanas hubo que tomarlas a escondidas de los dueños, que cuando se lo pillaban desde la terraza pensaban que un caco se los estaba estudiando para metérseles a la casa. Finalmente, el fotógrafo escogió cincuenta imágenes que reunió en “La ventana indiscreta”, un trabajo que bautizó con toda la intención de fusilar el título de la película de Hitchcock, no porque tenga algo que ver con ella, sino por celebrar esa maña de apropiarse de todo título medio famoso que uno ve: desde el montallantas Schumager en Luna Park hasta la tienda de líchigo Al Costo, a la vuelta del hipermercado ídem.

En las fotos de las rejas, se ven las varillas rectas volverse cuadrados, rectángulos o torcerse en círculos; las formas geométricas del metal se van combinando en simetría para mostrar estrellas, flores y figuras más orgánicas. Las fachadas de las casas están pobladas de hojas, cisnes y arañas, acompañadas por cortinas de hierro, o por bailarinas que alzan los tobillos sobre los vidrios. En Normandía hay un portón adornado de barcos que, cuadras más adelante, uno se vuelve a encontrar cuando llegan a una isla soldada a la puerta. Detrás de las figuras se asoman los de adentro, sabiendo que con ellas se exhiben ante los del lado de allá. Algunos de los que los miran están obligados a vivir en urbanizaciones tristes, amontonados en ventanas igualitas.


---
Reseñado por Laura García
reinapopular@yahoo.com
 
 
 
 
 
 
links relacionados
en populardelujo:
•  Calor de hogar
•  La ventana indiscreta
•  Los engalles de la casa
•  Guadalupe Ruiz
 
en internet:
•  Barrio Taller