Mañas, rutinas, tradiciones: maneras propias que tenemos de hacer las cosas.
 
 
 
T.Q.M.


Un colombiano promedio podría considerarse a sí mismo alegre, pachanguero, extrovertido y apasionado. Pero ojo, pregúntele como describiría a un bogotano y va a ver como cambia la cosa. El de afuera diría que los bogotanos son fríos, distantes y reservados, por no decir que apagados, quisquillosos y jartos; y el bogotano alegaría basando su defensa en el efecto del clima, en la diplomacia y prudencia heredadas por la familia o diciendo que el carácter distante es lo que caracteriza a cualquiera que viva en una ciudad tan grande como esta. Con semejantes argumentos cualquiera pensaría que aquí nadie sabe lo que es el amor.

Y a propósito de fenómenos de la naturaleza, el clima no es lo único que ha cambiado en Bogotá en las últimas décadas; también las manifestaciones de cariño entre parejas y sus correspondientes retratos gráficos.

Hace 80 años, el hombre cortésmente le galanteaba a su prometida regalándole versos escritos en delicada caligrafía hecha en pluma al reverso de una tarjeta postal, en la que por la otra cara se veía la imagen de una pareja mirándose discretamente de reojo. Pasaron los años pero el intercambio de poemas no pasó de moda, ahora inscritos con esfero al interior de tarjetas conmemorativas; y unas generaciones más adelante han sido las esquelas, las credenciales y minicredenciales en papel o en plástico con acabado reflectivo las que han mandado la parada en temas del corazón.

Love is in the air. Por lo menos en cada papelería, miscelánea y tienda de barrio en Bogotá. Hoy por hoy el surtido gráfico de cupido es inagotable, igual que las razones para quedar bien: declararse, acercarse, conquistar, reconquistar, pedir perdón o celebrar aniversarios.

El bogotano es una persona agradecida y no le da pena que la gente lo lea así. Le da las gracias a la vida porque existe la media naranja que tanto esperaba encontrar y le da las gracias a su ser amado por existir, por lo que le da y por todo eso que le hace sentir. El amor le da la fuerza y la seguridad para superar los obstáculos. Las palabras sellan el encuentro. Cada frase dedicada se compone de dos tiempos con una pausa al medio hecha de puntos suspensivos: lo que uno busca en el otro. y lo que el otro tiene para darle "nunca imaginé ser tan felíz... ahora que estoy contigo lo soy". Cuando se encuentra el amor el mundo se vuelve mágico y de colores, es un sueño hecho realidad. No importa que digan los demás. Es como para no creerlo. No hay mayúsculas ni signos de admiración que alcancen a describirlo: T.Q.M!!!!!!!.

Aquí no se discrimina a nadie. El amor no tiene edad y parece que tampoco importan la condición y la procedencia. Se aman Hello Kitty y su novia, igual que parejas de mapaches en tarjetas hechas en Estados Unidos o Taiwán que se consiguen en cualquier papelería de la décima; se aman niños vestidos de adultos en laminitas coleccionables de álbum; se aman novios adolescentes que se coquetean y bailan sin compasión; se aman los amigobios con fondo de atardecer en el mar; se aman los amantes casi sin ropa y en poses sugestivas en credenciales o carátulas de fotonovela; se aman los recién casados impresos en el papel regalo y se aman las parejas en primavera, verano, otoño e invierno sin importar que por acá no tengamos estaciones.


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Reseñado por Populardelujo
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