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| Mañas, rutinas, tradiciones: maneras propias que tenemos de hacer las cosas. |
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Sahumerio
En las calles del centro de Bogotá entre las instalaciones de 100 luces por 2000 pesos, entre el almanaque Bristol y muy cerca del juguete de moda, el gomelo, el que se está llevando, el de la televisión, llévelo, llévelo, llévelo. Ahí, en muchas esquinas de esta urbe se purifican lentamente nuestras almas con los humos benditos del protagonista de esta reseña. El sahumerio.
En un tarro de leche, con dos pedacitos de carbón y con una agarradera hecha con un metro de alambre dulce. Todos los 24 y 31 de diciembre las más fervorosas católicas de estos politeístas lares; rezan lentamente por toda la casa para que el año viejo se lleve las penas y el nuevo nos traiga los favores… que mijo mejore el genio, que al niño no se lo lleven al ejército, que la niña deje las malas compañías, que el año que viene nos traiga un carro, mejor salud, más plata….en fin son tantas peticiones como avemarías, son tantos padres nuestros como deseos y tantas bendiciones como necesidades.
Así es el sahumerio, un rezo etéreo, fervoroso, lleno de esperanza y de fe; pero por sobretodo de sabiduría popular. El sahumerio bogotano es mucho más que la quema de unos minerales y uno que otro vegetal. Acá en la tierra donde mucho no es tanto y en donde más se quiere más se da; la gente no se resigna a que el espíritu se regocije con incienso y mirra; eso está bien para el niño Dios judío o para el rey mago español; pero aquí los olores nos sobran, las penas abundan y la fe más que mover montañas pone las casas a oler a esperanza; por esta razón es que en estas tierras el incienso y la mirra son acompañados por el almizcle Purificador, armonizador de ambientes y personas que atrae el amor y el dinero; el azahar para mejorar los estados de ánimo, el eucalipto para purificar el ambiente y de paso los bronquios de los más pequeños de la casa; pero también hay mejorana para curar la tristeza, o la ruda pa sellar la casa contra el mal de ojo o contra las envidias y si tiene tiempo y paciencia quémese un pedacito de sábila, una raicita de destrancadera y si quiere suerte la albahaca morada es bendita. Pero también báñese en siete yerbas con azúcar negro para la buena espalda; eso sí, todo con fe, creyendo en el de arriba.
A esta altura algunos se preguntarán que pasa con el polvo de oro, ingrediente esencial para un incienso ortodoxo. La respuesta es fácil, el polvo de oro es un deseo que no se puede poseer y mucho menos quemar….así que vaya queme su incienso, recese un par de avemarías, un padrenuestro y pídale a Dios o a la cultura que este año que viene sea mejor… en el nombre del padre, del hijo, y del espíritu santo…amén.
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Reseñado por Diego Fernando Valencia
diegofernandovalencia@gmail.com |
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