Mañas, rutinas, tradiciones: maneras propias que tenemos de hacer las cosas.
 
 
 
Rojo y amarillo


No es por nada pero hay combinaciones cromáticas mucho más botoganas que el rojo+amarillo de la bandera. Para no ir muy lejos está el blanco+azul de los talegos y el verde+naranja del ladrillo recortado sobre los cerros. Está también el marrón+habano de las melcochas y el rosado+azul de las cartulinas que venden en las droguerías. Pero si de una verdadera audacia cromática se trata, están el color de rosa, el color de hormiga, el moras en leche, el palo de rosa y el negro retinto, colores made in Bogotá que harían una bonita bandera y que sencillamente no tienen parangón en el mundillo de los estandartes. Pero no, nuestra bandera es roja y amarilla y nadie tiene ni la más remota idea de porqué.

El website de la alcaldía da algunas luces al respecto: " La Bandera de Bogotá tiene origen en el movimiento de insurgencia contra las autoridades coloniales que estalló el 20 de julio de 1810. Los rebeldes comenzaron a llevar ese día en el antebrazo una escarapela con los colores amarillo y rojo, que son los de la Bandera de España vigente entonces para el Nuevo Reino de Granada." Semejante disparate se explica en el hecho de que en un principio el movimiento patriota no tenía aspiraciones independentistas: estaba en contra del virrey pero no del rey de España.

"Después de 142 años" -sigue diciendo el site- "mediante decreto 555 del 9 de octubre de 1952, la escarapela patriota quedó oficial y definitivamente adoptada como Bandera de Bogotá". Entonces en algún momento de nuestra historia moderna se puso de moda entre los alcaldes cubrir a la ciudad con los colores oficiales. Cuanta varilla, pasamanos, chapa o guardaescoba de entidad pública quedo por ahí pagando recibió su brochazo amarillo, su brochado rojo. Y ni qué hablar de casetas, transformadores de luz, postes, buses y hasta árboles. Afortunadamente la costumbre de restregarnos la bandera se abandonó hace algunos años, pero para la posteridad quedó un montón de mobiliario urbano cuyo "distritalismo" hoy luce tan anacrónico como un sombrero.

Y en cuanto al rojo y amarillo, la fórmula se empezó a adoptar sin resistencia en el instante mismo en que dejó de ser política oficial. Las fotografías que presentamos a continuación descubren tanto los vestigios de ese patriotismo de brocha gorda como las obras de la casualidad inconsciente de una ciudad que parece haberle sacado el gusto a la chapulinesca combinación que aquí nos reúne.


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