Reapariciones
Estéticas del desecho y políticas de valor
Un proyecto de Juan Diego Sanín
Los colombianos no seremos unos santos en materia de protección al medio ambiente pero algo le aportamos a la causa. La mayoría de las veces no lo hacemos por convicciones ecologistas sino por mera casualidad: tenemos tanto apego a las cosas, un presupuesto tan apretado o tal espíritu rebuscador, que algunos desarrollamos toda clase de mañas y destrezas para alargar la vida de los objetos mucho más allá de su aparente fecha de caducidad.
Ahorro de materiales y de energía, disminución en los índices de contaminación; ingenio, creatividad y promoción del trabajo manual: dentro de las políticas medio ambientales de la UNESCO, el caso colombiano bien podría tenerse como un aleccionador caso de estudio. Son muchos los méritos que tiene la manera en que nos las arreglamos para que la silla Rimax que se quedó coja siga funcionando gracias un injerto de madera, o para que el vaso de vidrio de mermelada La Constancia (que tarda más de 500 años en degradarse) no sólo no convierta en desecho sino que se pase a ser un icono de la vajilla popular colombiana.
Juan Diego Sanin, diseñador industrial paisa, ha venido analizando con especial atención las costumbres de su natal Medellín y ha terminado por adentrarse en el estudio de una costumbre que es extensible al resto del país. Reciclar, reparar, recargar, reutilizar, y remercantilizar: mecanismos en que reaparencen en escena objetos que se daban por muertos. Técnicas de resucitación que determinan la que Sanín ha llamado “estética del desecho” y que no ocurren únicamente en el plano material sino también en el simbólico a través de la resignificación de los objetos. En palabras de Sanín, “las reapariciones, o los objetos que reaparecen, son el testimonio de cómo los consumidores, a través de sus prácticas cotidianas, encuentran nuevos valores, nuevas funciones y nuevos sentidos a lo que se impone oficialmente como basura; creando objetos espontáneos que entran a hacer parte de nuestra cultura material (representan lo qué pensamos, hacemos y sentimos) y se convierten en los registros de una estética del desecho.”
La industrialización trajo consigo muchas cosas buenas, entre ellas el haber permitido un acceso generalizado a bienes que antes eran un lujo, pero desencadenó también toda una cultura del consumo y el desecho: se impusieron los objetos de vida corta, fácilmente reemplazables y tan efímeros como las tendencias de diseño de cada época. He aquí una buena muestra de un saber popular capaz de corregir los efectos colaterales del progreso: el arte de hacer eternos los “días contados” de los objetos con los que convivimos a diario.
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Reseñado por populardelujo
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