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¿Qué cosa fuera la masa sin arveja?
Bogotá es una ciudad netamente capitalista. Ese estado social sumado a nuestro reconocido querer ser o para dejar el tono formal, el ser una ciudad “wanna be”, nos hace excluyentes, llenos de fronteras sociales y por qué no, de murallas culturales; es así como encontramos en Bogotá sub culturas basadas en las negaciones de lo propio (yupies, alternos, punks, skas, skaters, mamertos…) Algo característico en sociedades inculturizadas o en pocas palabras y para dármelas de investigador social de cóctel de lanzamiento, en Colombia los ricos quieren ser europeos, los clase media norteamericanos y los pobres mexicanos. Pero hay un punto en donde las clases se unen y toda la insulsa y mamerta retórica del inicio de este párrafo queda en el olvido. Ese punto es conocido como empanada. Si señores, de este a oeste de norte a sur, más famosa que la gallina azul, en Bogotá la empanada es dueña y señora.
Traída desde el siglo XVI a estas bellas tierras, la empanada es oriunda, según investigaciones, de pu allá de los Egiptos cuando en su afán de preservar la comida vieron que meter granitos dentro de una masa de harina les servía para aislarla del calor. Varios siglos después, en las bellas tierras bogotanas la empanada no sólo preserva la comida, sino también la economía familiar y social. Pues dicho sea de paso la empanada es, en tiempos de economía de guerra, el sustento alimentario del universitario, el ejecutivo, la dama y el caballero. Haciendo así de la empanada un elemento insignia de estas tierras.
Y es que en Bogotá el poder de la empanada es palpable y de hecho degustable, si no lo creen dense una vuelta por cualquier barrio y verán como sin ningún miedo podemos gritar: arepa, empanada tu mamá. Empanadas Calidosas en Usaquén, El Empanadazo en Chapinero, Teusaquillo y Galán, La Empanada del Gordo a tres cuadras del batallón Guardia Presidencial, el puesto de La Mona al lado de Jockey Club, Empanaditas de Pipián en la 93, Empanadas Ricas en la 67, Empanadas y Algo Más... al lado de la embajada de Estados Unidos o los 137 expendios de empanadas del centro de Bogotá entre calle 13 y 26 entre carrera cuarta y séptima demuestran que en Bogotá empanada o nada. Incluso, existe una teoría económica originaria de estas santafereñas tierras en la cual la empanada es la protagonista, para conocerla consulte el ejemplo.
Ejemplo:
SUJETO A pregunta: Bueno y entonces qué hacemos.
SUJETO B responde: Pues hagamos empanadas que es lo que más se vende.
Es acá donde surge una pregunta: ¿Cómo hace la empanada para colarse entre los metaleros de la 19 y los yupis de la 99, cómo hace este pastelillo para hacer las delicias de cualquier estrato y lo mejor, en tan sólo un rato? La respuesta es fácil, la empanada, por lo menos en Bogotá ha alcanzado dos condiciones que incluso el arte ha perseguido. Una de ellas es la universalidad y la segunda, la adaptabilidad del discurso.
La primera de ellas la que se refiere a la universalidad, se ha logrado gracias a esa capacidad cultural bogotana llamada copia. Si a alguien le va bien a mi va bien…y es así como si X vende empanadas pues también lo hace ye, y a, y b ,y d, y w, y y, y… La segunda condición, la de la adaptabilidad, confirma que Bogotá es una esponja cultural capaz de adaptar todos los procesos a sus recursos y demandas; es así como en cualquier lugar de Bogotá sin importar el abolengo o condición encontramos:
Empanada de arroz, carne, papa, queso, bocadillo, hawaiana, mexicana, pollo, chilena, arveja, garbanzo, china, argentina, valluna y hasta griega, incluso si se van a la carrera séptima con veintidós, empanadas de nada sólo de masa. Demostrando así que la empanada es el snack rolo y en muchos casos el lunch cachaco.
Ahí lo tienen, si a los judíos les llovió maná del cielo a nosotros papá lindo nos mando la empanada como una prueba fehaciente de que vivimos en una ciudad en donde la barriga llena y el corazón contento son una constante universal que se puede encontrar a la vuelta de la esquina, en el supermercado, en el estadio, la universidad, la biblioteca, la casa o la oficina. Así que apague su computador salga de donde esté y busque una empanada, cómasela caminando y sepa a qué sabe Bogotá o mejor aún, entienda que la masa con candela, no sabe a canción mamerta sino a identidad cultural. Rica y grasosa identidad cultural. Y recuerde:
“Si su hija sufre y llora debe ser por un chofer, señora”
Sticker bellamente expuesto en “La Poderosa” buseta que cubre la ruta fontibón Unicentro |
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Reseñado por Diego Fernando Valencia
diegofernandovalencia@gmail.com |
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