Mañas, rutinas, tradiciones: maneras propias que tenemos de hacer las cosas.
 
 
El limón


Contra el nuevo mar de enfermedades y males que nos aquejan a diario, contra la peste ambiental a la cual dudo mucho sobrevivamos, la industria médica y farmacéutica descubre cada día más y más defensas. Pareciera que nuestra salud fuera una enorme condena más que un premio; hasta la alimentación diaria se ha convertido en una excusa para atacar a enemigos de  nuestra deteriorada salud: ahora los chitos tienen vitamina A, el yogurt nos defiende de la ameba, la paleta de domingo contiene un pro-biótico para prevenir la inflamación linfática, el chicle combate la caries, el champú le entra a puños a la rinitis, el tamal levanta a golpes a las bajas defensas… en fin, pareciera que la vida se nos fuera en defendernos de lo inevitable, la calavera. Pero, aquí en Colombia, donde la particularidad es lo más común, hay un alimento, un fruto, que sin químicos ni publicidad ni pretensiones científicas nos defiende de todo, incluso de nosotros mismos. Esa piedra roseta de la salud popular es el limón.

Conocida en la alta alcurnia científica como citrus limonum risso, este pequeño fruto llegó, como muchas de nuestras cosas, gracias a los españoles, quienes antes lo habían adoptado de los árabes, quienes a su vez se lo habían usurpado a…en fin, el caso es que desde que los primeros árboles fueron sembrados en México, el limón se ha extendido por toda América y desde ahí se ha convertido en el mejor amigo del hombre. Que para la gripa, aguapanela con limón; que para la indigestión, agua con limón, o mejor aún, antes de la ingesta de grandes cantidades de comida, tómese su soda con limón para cortar la grasa; que para la fiebre del niño, limón, agua y miel; que si sufre de hipertensión arterial, chupe limón a toda hora; que si la angina y la bronquitis lo asedian, deje que el limón los ataque y de paso acábelos haciendo gárgaras en las mañanas; y si usted es de los que se deja seducir con el 2 por 1, después de las gárgaras deje que el limón entre en su cuerpo y mate de una vez por todas esas amebas y alimañas que no le dejan dormir.

Ahora bien, si usted no le confía su salud a una fruta pero sí a una filosofía, deje que el sofisticado feng shui con toda su carga comercial oriental, una fuerzas con el humilde limoncillo, para así protegerse de las malas energías. Para ello, todos los días cargue con usted un limón verde. Por la noche, cuando vaya de regreso a casa, tírelo hacia atrás sin mirar donde cae; así estará deshaciéndose de todo lo negativo recogido en las calles. Aunque con lo cara que está la vida, lo que debería hacer es partirlo en dos y echarle azúcar y poner a su hijo a chupar limón en lugar de gastarse la plata en dulcecitos de paquete.

Pero no es sólo un remedio y un elemento de energía, también el limón ingresa en el mercado del aseo: que si tiene una mancha de óxido en su ropa, póngala ensanduchada entre medio limón y la plancha caliente y recuperará en minutos esa prenda amada; que es imposible sacarle la mancha negra a las divisiones de las baldosas de la ducha, pues muy fácil, restriegue limón, pásele un cepillo de dientes viejo y vea como la frescura cítrica lo deja todo inmaculado; que si la mugre olla está grasienta y no se deja limpiar fácil, ponga a hervir agua, limón y sal en ella y verá cómo el teflón o la lata vuelven a su aséptica condición natural, algo que ni el más toxico arranca-grasa podría lograr.

Pero como no sólo se trata de salud y de hogar, el limón también actúa sobre el humano: que si le brilla mucho la cara en la mañana, pásese un limoncillo y verá como su piel queda como la colita de un bebe; que se acabó el desodorante, pues huela rico echándose limón debajo del brazo; que tiene el pelo graso, después del baño pásese un limón por la cabeza y luego enjuague…en fin. Podríamos seguir enumerando las cualidades del limón no sólo como solucionador de conflictos cotidianos, sino como acompañante de delicias gastronómicas: aguardiente con limón, empanada con limón, chorizo con limón, arroz con limón, cerveza michelada que no es más que limón con sal en el borde del vaso; que si no le gusta el ají, échele limón al sancocho y así sucesivamente. Me atrevería a decir que hay tantas recetas, remedios y trucos con limón, como limones en la plaza de Corabastos.

Pero no me voy a extender más pues a esta altura del partido me dieron ganas de una aromática de hierbabuena, miel y limón, así que con permisito, que tenga un buen día y ojalá hoy tenga tiempo de chuparse un limón y recordar que nuestra cultura es tan fuerte y a veces tan ácida que de un sólo mordisco nos pone a hacer cara de limón.


---
Reseñado por Diego Fernando Valencia
diegofernandovalencia@gmail.com

 
 
 
 
 
 
links relacionados
en populardelujo:
•  La cazuela
•  Las Margaritas
•  Sabores y Lenguas
 
en internet:
•  Sabores y Lenguas: Bogotá
•  La empanada bogotana: 'desvare' y tradición