Mañas, rutinas, tradiciones: maneras propias que tenemos de hacer las cosas.
 
 
¿Del cielo Cali la sucursal?


A riesgo de desatar la ira de los paisanos de quien escribe esta líneas, continuemos en la tarea de desmentir las bellas líneas de ese himno de la salsa intitulado sabiamente Cali Pachanguero (ver ¿Nueva York capital del mundo?). Pero esta vez nos vamos a detener en ese estribillo que reza “del Cielo, Cali la sucursal”, el cual miente desde su contexto geográfico pues Bogotá está 2600 metros más cerca de la materia de discusión de este escrito; eso sin mencionar que a falta de un monumento en los cerros tenemos dos y si no se han dado cuenta miren a la izquierda del Señor Caído de Monserrate y verán a la Virgencita de Guadalupe en su versión cachaca.

Ahora bien no estoy desconociendo la importancia celestial de ese bello barrio caleño en donde sin lugar a dudas se consigue el mejor champús del mundo, me refiero a Santa Helena. Pero la verdad es que la pobre guardiana de los vendedores de champús y aborrajado queda aminorada ante el poder de los colectivos que cruzan raudos y veloces los barrios bogotanos de Santa Ana Sur, Santa Ana Norte y Santa Ana Occidente. O qué decir de Santa Bárbara y su hacienda cada vez más parecida a una finquita decadente. O qué tal Santa Carolina, con clínica y todo. Pero no sólo tenemos santas y vírgenes sino también profetizas, si no lo creen ahí está el barrio Fátima que junto con La Gloria, El Carmen y La Merced Sur, conforman el triángulo celestial de la entrada al Sur Occidente de nuestra sacrosanta pero no siempre virgen Santafé de Bogotá.

Y si bien es cierto que Cali tiene un San Fernando y hasta un Jesucristo Obrero, nosotros los de los 2600 metros más cerca a chuchito, tenemos a San Agustín, San Basilio, San Bernardo, San Blas, San Francisco, San Joaquín, San José y San José con cervecera: es decir San José de Bavaria. Eso sin hablar del sano San Ignacio de San Felipe y San Eusebio, y claro: San Andrés y su San Andresito, paraíso fiscal que entre la lechona, el tamal, el teni contrabandeado y el whiskey no legalizado hacen de Bogotá una ciudad bien parecida a un paraíso terrenal; o si no lo creen visiten el popular sector del Paraíso o, más celestial aún, el Paraíso Santo. Por si fuera poco también tenemos un Recreo de los Frailes, un Jericó, y hasta una empinada Jerusalén. Para los más devotos está Santo Cielo, Amparo e incluso los desconocidos pero urbanizados Caminos de San Lorenzo, todos los cuales hacen que en esta ciudad haya más Santos que en la mismísima Roma. Por cierto! también tenemos una Roma e incluso un barrio papal: el reconocido Pablo Sexto.

En fin, son un total de 163 barrios (de los 521 que aparecen en el mapa de Bogotá vendido por la módica suma de mil pesos en una de las aceras de la carrera séptima) los que tienen santos nombres; y 1186* iglesias las que hacen de este terruño la verdadera sucursal del cielo. Ahora sí, y sabiendo que somos el centro del mundo y del cielo la sucursal, sólo me resta decir que a Bogotá todo el mundo le cante y todo el mundo le mire y de paso le mime.

No siendo más me despido y recuerde:

“pase por el pasillo y cuide su bolsillo”
Sticker pro-protección del pasajero de bus


* Parroquias registradas en el directorio de la Arquidiócesis de Bogotá.



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Reseñado por Diego Fernando Valencia
diegofernandovalencia@gmail.com
 
 
 
 
 
 
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