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Bogotá Beach
Un artículo de Daniel Samper Pizano
En Bogotá hay muchos Elvis, muchos Jhon, muchos William y sobre todo muchos Henry, siempre hay un Henry a la redonda. Son nombres adoptados de tierras extranjeras, muchos de ellos en honor a algún ídolo del deporte, la política, o la música. Es que hay como un agüero de identidad: quien herede un nombre en bautizo heredará también genes de extranjero rico y famoso.
Al principio esos nombres pudieron haber desentonado pero ahora son tan comunes como los más endémicos de la capital; un Gonzalo y un Jordan comparten página en el directorio. Sin embargo, existen otros que camuflan muy mal un anhelo de ser lo que por destino no les corresponde, por ahí andan deletreando su nombre Madeinusa, Lanrover, Onedollar, Never, Nikson y Usnabi, entre otros.
Un fenómeno similar se presenta con los establecimientos comerciales de la ciudad: a la velocidad de Mc Donalds han aparecido negocios de comida y almacenes con nombres en inglés. Se ponen un abolengo postizo y así le dan un brochazo de mundo a su dispersa identidad de marca. Eso tal vez atrae más clientes, sobre todo al norte donde ya no es comer carne de cerdo sino el privilegio de ser convidado por Mr Pork. Estéticas o fuera de lugar, estas denominaciones dadas por comerciantes autodidactas del inglés ya son parte del paisaje urbano que populardelujo explora.
Daniel Samper Pizano caminó por el norte tradicional de Bogotá, que está bastante contagiado por la tendencia del querer ser. Lo encontró muestra de falta de orgullo por lo nuestro, penoso por quienes quieren mutar la identidad heredada, y preocupante porque se nos está salpicando el idioma español con pegotes de Liquid Paper.
José José dijo que uno no es lo que quiere sino lo que puede ser.
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Reseñado por Mauricio Gaviria
gaviriamauricio@hotmail.com
Tomado de la sección Columnas de Opinión de El Tiempo · Bogotá 01/10/2003 |
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