Mañas, rutinas, tradiciones: maneras propias que tenemos de hacer las cosas.
 
 
 
Así fue el 9 de abril
Una publicación de Arturo Abella · Ediciones Aquí Bogotá
Bogotá 02/04/1973


“¡Aquí el comando de la universidad con vosotros: la juventud toda está con nosotros. La policía nacional y el ejército están con nuestro movimiento. El edificio de El Siglo, arde y, ese cuartel del asesinato y de la calumnia, ya no es más que un puñado de cenizas, como lo será pronto el palacio de la carrera y el señor Ospina Pérez. Comunicamos al país que Bogotá ha caído, que el ejército y la policía están con nosotros y nos guardan las espaldas aquí, en el edificio de la Radio Nacional. Pueblo, buscad las armas donde las encontréis, asaltad las ferreterías, sacad los machetes y a sangre y fuego tomemos las posiciones del gobierno. Liberales de Colombia, preparad bombas; buscad armas en todas partes; fabricad el claro coctel Molotov que consiste en llenar botellas vacías con gasolina, ponedle su respectivo corcho y su mecha. Pueblo liberal, por la venganza de Gaitán, a la carga!”.

Al mediodía del 9 de abril de 1948 en plena carrera séptima, Juan Roa Sierra, un hombre que soñaba recurrentemente con un tesoro enterrado entre Facatativá y Albán y a veces decía ser la reencarnación de Gonzalo Jiménez de Quesada, descargó su revolver contra la espalda de Jorge Eliécer Gaitán, abogado, exalcalde de Bogotá, candidato liberal a la presidencia de la república y aclamado líder popular. La ciudad estalló en cólera. Lo que comenzó como la montonera liberal que linchó al asesino y arrastró su cadáver hasta las rejas del palacio presidencial degeneró en enfrentamiento armado urbano entre liberales y conservadores y terminó al tercer día con una ciudad devastada que jamás volvería a ser la misma.


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